Las hijas de Tita Cervera saben quién es su padre por Jesús MARIÑAS

Carmen Thyssen todavía  no conoce a su nieto Eric
Carmen Thyssen todavía no conoce a su nieto Eric

Brillante como pocas veces –¡y cuidado que relumbra!– se vio a la baronesa Thyssen en la última recepción real el pasado miércoles, una cita marcada por la recuperación de Don Juan Carlos, a quien aconsejan no permanecer de pie más de media hora. De corro en corro palaciego se vio a Tita un tanto perdida bajo las impactantes esmeraldas de sus pendientes Bulgari y las pulseras y el anillo de la firma Harry Winston. Las joyas que lució en la recepción eran un buen contraste al apropiado traje en crema que vestía, aunque también llevaba una especie de chaquetón de paño que quizá resultó excesivo para los calores otoñales que achicharraban la Plaza de Oriente. Al verla tan animada y lanzada, me atreví a hacerle unas cuantas preguntas.
La oportunidad era óptima para ponerme al día y la primera cuestión obligada era saber qué tal va su relación con Borja. «Igual que siempre. Parece algo imposible, porque alguien se empeña en que no nos entendamos. Este agosto intenté una aproximación y viajé a Ibiza para que mi hijo me invitara al primer cumpleaños de mi nieto Eric, al que todavía no conozco», asegura la baronesa. Al preguntarle qué había de verdad en el supuesto encontronazo que tuvieron en el paseo marítimo de la isla pitiusa, me comentó que era cierto, «no me saludó». Según me cuenta su madre, Borja sigue reclamando los dos cuadros «y más cosas». Otro capítulo interesante es el de su serie televisiva. «Ya presenté varias denuncias. Es falso, como aseguran, que me habían informado acerca de los capítulos. Les pedí con tiempo los guiones y no me los facilitaron. Ahora cuentan y no acaban, falseando lo que pasó», explica Tita.
Viendo a la baronesa con ganas de aclarar y desahogarse, quemé mi último cartucho y le pregunté qué tal estaban sus hijas. «Muy bien, y mejor desde que saben quién es su padre». «¿Lo saben?», le suelto sorprendido. «Sí, y además son igualitas a él», me dijo con una sonrisa enigmática que denuncia situaciones inéditas, aunque muchos ya conocen lo que se cuenta «sotto voce».
Misterios al descubierto en este inagotable rifirrafe del que Borja se lamentará algún día, porque madre no hay más que una. Mientras Thyssen espera acaso una pipa de la paz sobre el mar ibicenco, los de la moda Adlib ya preparan el cuarenta aniversario de la muestra que tanto impulsó y patrocinó Abel Matutes. La otra mañana añoraba la buena organización de la princesa Smilja –princesa o lo que fuera: su eficacia no precisaba de los títulos que se auto adjudicó– con pregoneros tan ilustres como José María Aznar y José Luis de Villalonga. Vicente Roig me adelanta que quieren celebrar tan significativa fecha «por todo lo alto» y que harán una muestra retrospectiva del espíritu Adlib.