Carme Elias encadenada Martin Sheen

«Los mitos no tienen sexo, pero antes el mundo era sólo cosa de hombres y la mitología perpetuaba este sistema», esgrime como principal razón Carme Portaceli, directora del montaje, para haber adjudicado a Carme Elias el papel de Prometeo, ese hombre que robó el fuego para los hombres, como símbolo generador de las artes y, sobre todo, de la conciencia, cuando los dioses libraban una guerra cruenta.

Carme Elias alterna el teatro catalán con apariciones en cine
Carme Elias alterna el teatro catalán con apariciones en cine

«Prometeo es un reto cada día, cuando una tiene un personaje así entre las manos debe decir que sí», comenta la actriz, curtida en el teatro catalán, aunque ha frecuentado la televisión y el cine nacional (aún se recuerda su papel en «Camino», de Javier Fesser, que le valió un Goya). La intérprete admira de Portaceli «cómo trata el teatro: es una directora que cada rato busca más y no para nunca».

Verdad, pero no naturalismo

Portaceli ha frecuentado la cartelera madrileña (últimamente con «La casa de Bernarda Alba», con aquella escenografía como un código de barras, o aquél «Sopa de pollo con cebada», en el Español), pero nunca había comparecido ante los espectadores desde su compañía, la Factoría Escénica Internacional». Su filosofía es «hacer teatro desde la verdad, pero olvidando el naturalismo».

Al texto de Muller le han añadido un prólogo (que centra la acción tras la guerra de los dioses) y un epílogo (que narra la liberación del protagonista) del mismo autor, que, a su vez, fue bastante fiel al original de Esquilo. «Como el mejor Maltés, la acción comienza cuando todo ha terminado», precisa la directora. Así que conocemos a Prometeo ya encadenado a su roca, aunque en esta puesta en escena de Paco Azorín se trate de una gran jaula metálica. Prometeo recibe visitas que pretenden persuadirle de que cese su altivez y permita con su testimonio que Zeus no sea destronado. Hasta el coro, encarnado en una sola persona que representa a cientos de miles de ciudadanos anónimos, aún comprendiendo su actitud, le pide un poco más de humildad. «Está herido de gravedad porque nadie ha valorado su papel como salvador del ser humano», concluye Portaceli.