Un cheque en blanco

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Una de las ventajas que tiene un político cuando gobierna es que las responsabilidades se asumen cada cuatro años. El resultado electoral se convierte en un cheque en blanco para hacer lo que se quiera en ese período. Los programas son un mero ritual que nadie espera que se cumplan, las previsiones son un mero artificio y los compromisos se los lleva el viento. Es cierto que siempre hay excusas para justificar los incumplimientos, pero la realidad es que se ha convertido en un hábito en el Gobierno. Nunca entenderé por qué, año tras año, los cuadros macroeconómicos que sirven para elaborar los Presupuestos están mal. Lo mismo me sucede con las previsiones. Salgado tiene unas, que están mal, y los organismos internacionales otras, que están bien. No importa porque no tiene que asumir ninguna responsabilidad. En cualquier empresa seria del mundo, sería destituida de forma fulminante y no le darían, ni siquiera, los 20 días de indemnización.