CRÍTICA DE CINE / «Río»: El amor te da alas

Director: Carlos Saldanha. Guión: Don Rhymer. Voces originales: Jesse Eisenberg, Leslie Mann, Anne Hathaway, Jamie Foxx. Música original: John Powell. EE UU, 11. Duración: 96 min. Animación.

«Río»: El amor te da alas
«Río»: El amor te da alas

Carlos Saldanha, un peso pesado de los estudios Blue Sky (director, entre otras, de las entregas segunda y tercera de «Ice Age»), orquesta la nueva y exuberante aventura en 3D de la factoría, a lo que sin duda ayudó lo suyo el hecho de que el cineasta haya nacido en Brasil. Porque hasta Río de Janeiro nos traslada esta borrachera psicotrópica de colores en relieve y números musicales minuciosamente coreografiados que evocan los filmes cosidos en Hollywood durante la época dorada. Lo de menos casi, entiéndanme, es la historia de ese guacamayo azul que acaba perdido en la ciudad carioca y lejos de Linda, la librera poco agraciada que lo cuida con dedicación desde que lo encontrara perdido tras ser robado por traficantes de animales exóticos.

En aquellas tierras, y siempre a ritmo de samba (porque mientras los protagonistas visitan la urbe se van a celebrar, claro, los carnavales), tanto el pájaro urbanita criado en Minnesota, el último macho de su especie que ni siquiera sabe volar, como la atribulada dueña se topan con dos personajes muy especiales. El primero conoce a una hembra de genio tremendo, y la segunda a un despistado ornitólogo. Mejor desarrollada la primera relación «sentimental» que la segunda (con permiso de Pixar, los humanos suelen perder siempre la batalla en una película de animación), y envuelta en las trapisondadas de monísimos titís villanos, periquitos, canarios, tucanes y una pérfida cacatúa australiana, tan desquiciados, la cinta no pisa las favelas más que de pasada aunque sí confirma el tópico futbolero con varias escenas de balón, y supone un alegre, embarullado divertimento para todos los públicos, de ahí que el supueso mensaje ecológico del filme pronto sea historia. Que lo que importa, en fin, es demostrar que el amor también te da alas, aunque al principio no sepas muy bien cómo diablos funcionan.