Del viejo partido al partido viejo por José Clemente

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He esperado estas dos semanas, desde las elecciones gallegas y vascas, para escribir sobre algo que me llamaba poderosamente la atención y a la que nadie se ha referido, más que en medios nacionales, pese a la relevancia del asunto. Me refiero, claro está, al batacazo electoral de los socialistas hispanos allá donde se han convocado elecciones desde la nominación de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE en el congreso federal de Sevilla a principios de este año. Pero también y de manera especial, al mutismo que la debacle ha provocado entre los socialistas murcianos, cuya cúpula dirigente la integran en la actualidad destacados militantes fieles a Rubalcaba desde mucho antes de que éste fuera elegido cabeza de cartel en las elecciones de noviembre de 2011. Mutismo férreo, pues no sólo se ha cortocircuitado el debate el interno entre los afiliados en sus correspondientes agrupaciones, sino que se ha obligado a que todo aquel que quisiera o tuviera algo que decir a hacerlo en solitario y ante los medios de comunicación (una sutil forma de visualizar la disidencia), por lo que muchos han optado por cambiar la crítica interna en los cauces oficiales por la barra del bar del pueblo donde expresarse y con libertad.

La Región de Murcia pasa por ser un bastión de Rubalcaba con hondas raíces internas en la saga de los González, quienes evitan cualquier brote de discrepancia interna con el fin de que su propio liderazgo no sea cuestionado. Aún así, hay momentos en la vida interna de los partidos considerados democráticos que no se pueden evitar de ninguna de las maneras, como le ocurrió el pasado 7 de octubre, dos semanas antes de la derrota electoral en Galicia y País Vasco, al actual secretario general, Rafael González Tovar, en la reunión del comité regional del PSRM celebrada Murcia, donde se evidenció una notable fractura interna de los socialistas regionales que perdieron las elecciones frente a Tovar (Roberto García, José Espadas, Joaquín López…) por sólo cinco votos de diferencia. Las mayores críticas que se escucharon en ese comité regional apuntaban a la cada vez más notoria y palmaria desorganización interna, falta de visión a corto y medio plazo, sueldo del secretario general y su papel como líderes de la oposición, más visualizada por los bandazos en asuntos de política regional, que por la coherencia de sus planteamientos en estos momentos de profunda crisis económica.
Pero el mal que sufren los socialistas murcianos no parece circunscribirse sólo al ámbito regional, pues de La Venta del Olivo para arriba los males son iguales o parecidos, sin que nadie se atreva a llevarle la contraria a Rubalcaba pese a que todos los factores apuntan a una debacle aún mayor a la sufrida en Galicia y País Vasco, «un tsunami todavía por llegar y que tal vez sea necesario», aseguran fuentes de intramuros del PSRM que esperan pacientes a ver pasar flotando por el río el cadáver del enemigo. Un enemigo con nombres y apellidos y una corte de leales también conocida que deberá dejar paso a las renovadas ideas que plantean en cada reunión los considerados «críticos». El «Senado» de notables en el que se envolvió Tovar bien recientemente viene a ser como la bandera catalana para Artur Mas, pero que, llegado el momento, dará lo mismo quienes le apoyen y quienes le quieren ver bajar boca abajo flotando por el río. Y tras su cabeza va la de su hija, María González Veracruz, la joven tapada por los «rubalcabistas» como futura promesa en Murcia y Madrid en cuanto Valcárcel se retire del gobierno murciano o Rubalcaba llegue a la Moncloa. Entretanto, su padre y mentor Rafael González Tovar, le guardará la viña en la Región, con el beneplácito del líder del PSOE, mientras ella se curte de verdad en la política nacional a la sombra del gran «gurú» del socialismo.

Por eso el PSRM ha pasado de puntillas y se mantiene absolutamente al margen del debate abierto en todas las federaciones socialistas sobre la continuidad de Rubalcaba o su dimisión inmediata, debate que el propio líder socialista lograba aplacar después de un sonoro mutismo y muchas caras de circunstancias, de esas que Rubalcaba sabe poner conscientemente, casi una semana después. Sólo algunos barones socialistas como José Antonio Griñán, Tomás González, Emiliano García-Page, José Bono, el catalán Pere Navarro, y otros dirigentes próximos a Alfonso Guerra y María Antonia Trujillo, se atrevieron a pedir su cese directo y la convocatoria de elecciones primarias para sacar al PSOE de la parálisis que le atenaza. El hecho de plantear las elecciones vascas y gallegas como un plebiscito a Rajoy y la inane actitud del partido ante el desafío soberanista de los nacionalistas catalanes se apuntan como las dos principales causas de la derrota en ambas comunidades, pero la desorientación general y las erráticas políticas del PSOE desde la elección de Rubalcaba calientan más que el fragor inmediato de los resultados, ya que para los críticos no sólo se trata de País Vasco y Galicia, donde perdieron el 44 y 33 por ciento de sus votantes, respectivamente, sino que en las andaluzas ya retrocedieron en 654.831 votos, y otros 19.808 en las asturianas del 25 de marzo. O dicho de otro modo, en todas las convocatorias electorales desde su nombramiento como secretario general el PSOE ha ido retrocediendo hasta convertirse en un partido más del arco parlamentario, y todo eso a sólo tres semanas de las catalanas donde se juega definitivamente pasar de partido de gobierno a cuarta fuerza política en esa comunidad.

Y en pleno tiroteo interno a Rubalcaba parece habérsele agotado toda la munición y sólo le queda una única bala en la recámara: las elecciones catalanas. El Partido Socialista sabe revolucionarse o desacelerarse al mismo tiempo por un mismo objetivo, que es al que ha apelado el viejo líder del PSOE. Si este partido abre el melón de la crisis por las elecciones gallegas y vascas, la debacle se repetirá hasta el imposible en las elecciones del 25-N, por eso se ha hecho el silencio sepulcral en el PSOE con la que está cayendo. De Guatemala a guatepeor no es el camino, especialmente cuando en breves días sabremos que ha ocurrido en la comunidad donde el soberanismo político ha puesto contra las cuerdas a los partidos nacionales, y esa sí será la verdadera vara por la que se medirá el futuro inmediato de nuestros socialistas. Una nueva derrota, con tintes catastróficos como auguran algunos sondeos, puede significar la definitiva retirada de Rubalcaba de la política y la apertura de un proceso de primarias que de nuevo podría enfrentar a Carme Chacón con Griñán o cualquier otro aspirante a la secretaría general (sin olvidar al sempiterno José Bono), o que Rubalcaba tutele ese tránsito desde el partido pero sin entrar en disputas a favor de nadie ni contra nadie, cosa esta bastante improbable conociendo a Rubalcaba, que pretenderá a un hombre colocado por él a otro candidato que le envíe a casa para siempre.

Sea lo que fuere en Murcia seguirán igual de contemplativos. «Ni chicha ni limoná», sólo a esperar las órdenes que lleguen desde Madrid, aunque a nadie escape que si hay derrota electoral en Cataluña y del calibre que se espera, la catarsis, la aparcada por enésima vez catarsis socialista se podría producir por el bien del viejo partido, que ha pasado, como decía un veterano socialista en la tertulia del programa de Herrera, de ser un viejo partido a un partido viejo. Con esta espada de Damócles sobre su cabeza vive horas de gran trascendencia y desasosiego un partido histórico, que defiende en Madrid lo contrario que en Cataluña, y ese es el laberinto del que no saben salir los socialistas españoles.