Berlín

De delfín de Merkel a «barón de las mentiras»

La carrera política de Karl Theodor zu Guttenberg, bávaro de familia aristócrata nacido en Múnich el 5 de diciembre de 1971, fue meteórica y, en poco tiempo, pasó de ser considerado el delfín de la canciller Angela Merkel a tener que dimitir tras descubrirse que su tesis doctoral había sido un plagio.

La gran promesa de los conservadores alemanes terminó convirtiéndose en el "barón de las mentiras", un proceso en el que todo lo que había hecho antes empezó a ser interpretado a la luz de su plagio académico que, para sus críticos, mostraba una voluntad de engaño y una tendencia a confundir apariencia y realidad. Ya a los 37 años, cuando asumió el Ministerio de Economía durante los últimos meses de la gran coalición que gobernó Alemania hasta 2009, se empezó a hablar de él como del delfín de Merkel.


Antes de ese momento, en febrero de 2009, la presencia de Guttenberg en la política nacional no había sido muy destacada, pese a los meses que había pasado como secretario general de la Unión Cristianosocial (CSU), ala bávara de la Unión Cristianodemócrata de Merkel.


Los medios, en especial los que pertenecían al consorcio Axel Springer, empezaron a tratarlo como si fuera una estrella de pop y para muchos, Guttenberg representaba un tipo de político diferente, que traía aire fresco a la vida pública alemana. Como ministro de Economía, Guttemberg tuvo que afrontar la crisis de Opel y con frecuencia asumió posiciones que se desviaban del consenso de la gran coalición y que ese momento muchos interpretaban como muestras de independencia y de valentía.


Tras las elecciones de 2009, que marcaron el fin de la gran coalición y el comienzo de la alianza de la CDU/CSU con el Partido Liberal (FDP), Guttenberg dejó el Ministerio de Economía y pasó a ocupar el de Defensa. Como tal, Guttenberg sorteó crisis difíciles, muchas veces dejando cadáveres políticos en el camino. El caso de un bombardeo en Kunduz, ordenado por un oficial alemán y en el que murieron decenas de civiles, fue tal vez la crisis más difícil.


El hecho había ocurrido cuando él todavía no estaba al frente del Ministerio de Defensa, pero la política de información de la cartera fue duramente criticada y quedó claro que no se había dicho toda la verdad desde el principio. Guttenberg alegó que él mismo no había tenido desde el principio toda la información, cesó a su secretario de Estado y al inspector general de las Fuerzas Armadas y fortaleció con ello su imagen de ser un hombre de decisiones rápidas, mientras su antecesor en el cargo Franz Josef Jung dimitía como ministro de Trabajo por ese caso.


Los observadores políticos y numerosos medios aseguran ahora que con las acusaciones de plagio Guttenberg se ha enfrentado por primera vez a un caso en el que no podía echar la culpa a otros. Los mismos medios que habían contribuido a convertirle en la máxima estrella de la política alemana se ensañaron con él. La única excepción notable ha sido la del sensacionalista diario "Bild"que le ha sido fiel hasta el final, con una campaña de grandes titulares a su favor hasta e último día.


Su partido, trató de respaldarlo, el igual que Merkel y CDU. Al comienzo, la estrategia fue reducir el caso a algunos pocos errores en la tesis a la hora de citar, que no podían ser considerados plagio. Luego, cuando las denuncias aumentaron, impulsadas por una plataforma de internet dedicada a detectar los pasajes de la tesis que estaban copiados de otros textos, el plagio se hizo tan evidente que nadie se atrevió a seguir negándolo.
La estrategia fue entonces separar el trabajo académico del trabajo político y esto quedó condensado en una frase de Merkel con la que afirmó que no había "nombrado un asesor científico sino un ministro de Defensa".


Esa frase de Merkel llamó al mundo académico alemán a las barricadas, con lo que la presión aumentó y el frente de defensa de Guttenberg empezó a resquebrajarse incluso dentro de la CDU y la CSU. La palabra "estafador"para referirse al ministro empezó a oirse cada vez con más frecuencia. Primero en el recinto del Parlamento, sin que los diputados que la usaban recibieran amonestación alguna. Luego, la palabra empezó a oirse de labios de profesores.
El problema no era académico sino de credibilidad. Las encuestas mostraban que Guttenberg seguía siendo el político más popular de Alemania pero con tendencia a la baja. Y el tema del plagio era el único que se abordaba en torno a ese político.


La dimisión llegó antes de lo que muchos creían, sospechando que Merkel esperaría hasta los comicios regionales de Baden Württenberg para prescindir del "niño bonito"de su Gobierno.