Mark Cavendish el bólido

Luis León Sánchez se quedó a las puertas de su segunda victoria por una arrancada antológica del británico. La crono de hoy, intrascendente

Para cubrir los 430 kilómetros que separan Brive-La-Gaillarde, la meta de la segunda etapa más larga, de Bonneval, punto de partida de la crono que el Tour esperaba retuviera la emoción hasta la penúltima etapa, la organización reservó 20 plazas de avión para los primeros de la general. Las mentes pensantes confiaban en mantener a la afición pegada al televisor y que el desenlace fuera como el de esas novelas devoradas a bocados para llegar a la última página con necesidad imperiosa de conocer el final. Pues resulta que la antepenúltima etapa será como uno de esos libros banales, intrascendente y pesado. La crono será un mero trámite. En el citado avión irán desde Wiggins hasta Alejandro Valverde, el vigésimo gracias a su victoria en Peyraguedes. Ellos se han salvado de las cuatro horas de viaje. El resto, los que curiosamente primero saldrán hoy a rodar por los eternos 53 kilómetros de contrarreloj, por carretera. Siempre hubo clases.
Mark Cavendish no tiene plaza ni en el helicóptero que surca el cielo francés ni en ese metafórico que es el Sky que va a ganar el Tour. Los asientos que iban a ocupar sus lanzadores en los esprints son para escaladores, gregarios al servicio de Wiggins. Al campeón mundial le toca viajar solo. Y por carretera. Por eso aceleró el paso para llegar a Brive-La-Gaillarde, como una moto corrió. Con más de la mitad de equipos sin catar las mieles del triunfo, el equipo de Wiggins calculó la ecuación fácil de la etapa: «Llega la fuga», dijeron por la mañana en la reunión táctica. «Pero chicos, dadme la oportunidad de la victoria, hacedme el esprint», suplicaba Cavendish. Un arcoíris en lágrimas.
Resultó la fuga hecha, con Vinokourov, Millar, Albasini o Rui Costa entre otros, pero el pelotón no entregó la etapa. BMC, Ag2r y hasta Euskaltel controlaron, pero no el Sky, ni un relevo de los hombres de negro. No hasta que Wiggins no diese la orden. Él es el jefe, el «sir», y todos hacen sacrificios por él. Desde Froome, el Tour, la etapa de Peyraguedes, la fama eterna, hasta Cavendish. Nada de hincharse a ganar esprints con un tren desgastado por él.
Con el misil de Vinokourov lanzado, el de la casta y la raza eternas, la mecha que jamás se apaga, pero con una ventaja mínima saltaron a una decena de kilómetros Andreas Klöden y Nicolas Roche. Con ellos Luis León, hambre, piernas y fe. Su objetivo ya está cumplido, pero quiere más. A por ello fue. Entonces Wiggins dio su «ok» a Cavendish pasada la cota de Lissac. «Hasta me ha dado un relevo», comentaba después. El mérito fue todo suyo, que, con Luis León en un ejercicio de sangre fría, demasiado helada para la ocasión, apareció de la nada, como un bólido zarandeándose a la derecha primero y en un bandazo solitario y controlado a la izquierda, irrupción estelar. De algo le tenía que servir a Mark pasar por las manos de los ingenieros de McLaren. François Hollande, de visita en la etapa, asistió a la entrada de un bólido de F-1 en medio del Tour.


Confirmado el positivo de Frank Schleck
El contraanálisis del positivo que dio Frank Schleck en la 14ª etapa y que se hizo público el martes durante la segunda jornada de descanso ha resultado positivo. El ciclista tenía la opción de pedir la muestra B, como así ha hecho, pero ha dado el mismo resultado que la A. La Unión Ciclista Internacional ha pedido a la federación luxemburguesa de ciclismo la apertura de un procedimiento disciplinario contra el ciclista. Frank aseguró que, de obtener este resultado, «denunciaré haber sido contaminado».