Los «cazadores» de fugas

Hay gente que vive de la capacidad de sus sentidos. Igual que un catador de vino no podría desarrollar su trabajo sin el gusto o los asesores de las grandes compañías de perfumes sin el olfato, Roberto vive de su oído. Trabaja para el Canal de Isabel II y su capacidad auditiva la emplea en detectar fugas de agua. Eso sí, no tiene un oído tan privilegiado y necesita un aparato llamado geófono para saber cuándo existe una anomalía en la red

Aunque es realmente en la «sala de máquinas» del Canal donde, a través de un innovador programa informático, se detecta cualquier problema en los 15.000 kilómetros de tubería que la empresa pública tiene en toda la región.

«Si la diferencia entre el caudal inyectado en un sector y el consumo es muy elevada puede ser un indicativo de que exista una fuga», explica Ignacio Cámara, jefe de la División de Incidencias y Estadísticas del Canal. Cuando esto ocurre, un equipo de detección de fugas se desplaza hasta el lugar y comienza el protocolo de actuación para determinar el punto exacto donde se encuentra el problema. «Se suele trabajar por las noches para evitar que el ruido de la calle entorpezca el trabajo», explica Roberto. Y es que el tráfico o el bullicio podría interferir en las escuchas que, a través del geófono, se practican en el subsuelo. Una vez situados en la zona «presuntamente» averiada, se levantan varias tapas de registro y, dependiendo del sonido que llegue a los oídos de Roberto a través de una varilla hasta los auriculares del geófono, sabrán si existe alguna fuga en las tuberías. «No es complicado de detectar porque tiene un sonido muy particular pero también es verdad que ya tengo el oído educado», explica Roberto que lleva 16 años trabajando en esto. Una vez que hay indicios de fuga, se colocan una especie de micrófonos en dos tapas entre las que se estima que esté la fuga (normalmente, por rotura de tubería). Se introducen los datos en un otro aparato llamado correlador (el diámetro de la tubería, su material y la longitud entre los dos micrófonos) para una localización más exacta. Una vez que se ha averiguado el punto exacto, se marca para que los operarios la reparen. «No por ser más antigua una tubería se rompe más. Muchas veces una obra o cualquier otro problema deriva en fugas» explica Cámara.

1.000 kilómetros anuales

Dentro de la campaña de detección de fugas de agua, el Canal de Isabel II, dependiente de la Comunidad de Madrid, revisa alrededor de 1.000 kilómetros de red al año. De media, se encuentra una fuga por cada 10 kilómetros. El objetivo de esta campaña permanente es reducir las fugas, que en la región provocan la pérdida de alrededor de un 12% del agua disponible. Un gasto que el Canal se ha propuesto reducir al máximo, aunque ya es la región que menos desperdicia.