OPINIÓN: Dureza

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Fue un tiempo duro, árido. Las clases medias se empobrecían como no se recordaba, y las clases populares…, bueno, de estas nadie entendía cómo sobrevivían. Aquel invierno fue muy extremo, temperaturas bajo cero, nieve…Nada agradable para dar vueltas por las calles buscando un trabajo imposible, inexistente. Bueno, sí, algunos «empresarios», en el colmo del cinismo y del cruel oportunismo, ofrecían trabajar gratis a chicos con varias carreras y algún máster.
El Gobierno, los gobiernos, lo justificaban todo allende las fronteras o echaban la culpa a misteriosos entes a los que no se podía pedir responsabilidades. Muchos sabían de donde venía (había venido) el problema, pero los verdaderos autores del desastre seguían a lo suyo. Volvía, eso sí, la solidaridad familiar, el regreso al hogar.
Todos tenían que pagar las deudas y atropellos de unos pocos. Cierre de empresas, crisis bancarias, un paro galopante, caída del consumo. Los que tenían aún empleo, sobre salarios muy bajos, veían recortados sus ingresos, apenas podían sobrevivir, eran sueldos de hambre. La juventud sufría aún con mayor dureza la situación, pues buscar un primer empleo, aunque fuese pagado miserablemente, era tarea heroica, y los centros escolares se saturaban con el regreso a las aulas de los jóvenes sin futuro.
La crisis acentuaba las desigualdades, pues aunque muchos negocios quebraban, buena parte de las clases altas mantenían su patrimonio, mientas que las medias se empobrecían y las clases trabajadoras bajaban ampliamente el umbral de la pobreza.
Tranquilos, no sean mal pensados, hablo de Estados Unidos y del crac del 29. Cualquier parecido con otra realidad es pura coincidencia. ¿En qué estaban ustedes pensando?