Política humanitaria por Cristina López Schlichting

La Razón
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Ya cuando los socialistas, en la última legislatura, congelaron las pensiones de los jubilados, empezamos a sospechar que eso de la sensibilidad social de la izquierda era un lema que no tenía por qué cumplirse. Por aquellos días, la derecha señaló que tocar el sueldo de los mayores apenas había supuesto un ahorro de mil y pico millones de euros que bien podía haberse conseguido quitando subvenciones a sindicatos y partidos. ¿Quién fue entonces más sensible a las necesidades de los débiles, el Gobierno del PSOE o la oposición del PP? Chesterton ya puso de relieve los peligros que entrañaba la supuesta justicia comunista, pero quienes hemos tenido la suerte de sobrevivir al terrible siglo XX podemos atestiguar que, en nombre de la justicia, se cometieron crímenes inmensos en los gulags y campos de concentración. La caída del Muro ha puesto las cosas en su sitio. La colectivización, la estatalización de los medios de producción, la planificación, se han demostrado inútiles y generadoras de pobreza. Y, paralelamente, los valores universales de la justicia, la compasión hacia los débiles y la protección de los menos favorecidos ya no son patrimonio político de nadie. Tan sólo de quienes quieran abrazarlos. Por eso, asistimos estos meses, con el nuevo Gobierno Rajoy, a la aparente paradoja no sólo de una mayor justicia de derechas para los jubilados, sino de una mejor protección de los derechos de los inmigrantes. Recientemente escribía LA RAZÓN sobre la remodelación de los centros de internamiento de inmigrantes. Ahora revela las nuevas disposiciones que impiden las detenciones ilegales que tanto gustaban a Rubalcaba. Pues eso, menos ideología y más humanidad.