El río revuelto

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Por desgracia, hoy no tenemos todas las garantías de que ETA no va a colarse en las municipales.
Por desgracia, con la presentación del «nuevo partido» de la vieja, revieja y casposa Batasuna, se abre un periodo de incertidumbre y deshojamiento de la margarita judicial que traerá más tensión a la vida española aunque al final a ETA le pueda dar la democracia con la puerta electoral en las narices.

Por desgracia, puede haber demasiada peña interesada en esa tensión en la que viviremos las próximas semanas, empezando por el propio Gobierno, que un día dice una cosa y otro la contraria.

¿Es premeditada esa ambigüedad porque divide al electorado que no va a votarle en la discusión de si hay negociación o no la hay, de si se colará ETA o no se colará y de si hay que manifestarse o no hay que manifestarse? El Gobierno podría zanjar, si quisiera, todas esas lucubraciones. Le bastaría con llevar al Congreso de Diputados la derogación de la moción del 17 de mayo de 2005 que daba luz verde a la negociación. Tendría un apoyo abrumador en la Cámara Baja.

¿Por qué no lo hace? ¿Porque quiere negociar o porque quiere dividir a la oposición en esas dudas y ese debate? Lo malo es que no sólo al Gobierno le conviene esa crispación sino a todos los pescadores de río revuelto.