Corazón

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Corazón maltrecho. El mío, principalmente. El sábado, gracias a la generosa diligencia de mi amigo José Manuel Llaneza, alma del Villarreal, y de su secretaria Cristina, vi el partido Villarreal-«Barça» con la camiseta amarilla del gran club de Castellón. No dio resultado el conjuro. Y hoy, domingo, lo he pasado fatal. Pero ahí sigue el Real Madrid, que insisto, necesita una limpieza de mediocridades. Y no me refiero a Manuel Pellegrini, que hace milagros con lo que tiene y le han impuesto. Cristiano Ronaldo, de fábula. Sueño con la llegada del Mundial para ver jugar a Gago en otro equipo.Hablaba de mi corazón. Se me ha salido de la boca. Esas cosas no se hacen. Hay que tener en cuenta que una buena parte de los socios y seguidores del Real Madrid sobrepasan los cuarenta años. El corazón, a partir de esa edad, entra en situación de riesgo. Pero ya, más calmado, sigo creyendo en el milagro. Milagro sería que este equipo le birlara la Liga al Barcelona, que cuenta con veinte jugadores formidables. El Real Madrid está ahí, soplándole los cataplines, con cinco futbolistas a la altura del club blanco. El resto, morralla. Y con morralla, no obstante, a un punto de la excelencia. Los milagros son posibles, incluido el del funcionamiento de mi corazón.