Àlex Rigola se despide del Lliure con una mirada a los clásicos del siglo XX

La temporada 2010- 2011 del Teatre Lliure será la última como director de Àlex Rigola tras ocho años.

Àlex Rigola, con su sombrero de cowboy, en la tradicional butifarrada de final de temporada
Àlex Rigola, con su sombrero de cowboy, en la tradicional butifarrada de final de temporada

BARCELONA- Inaugurar un teatro es un acontecimiento importante. No tanto como ganar un mundial de fútbol, pero lo bastante relevante como para sentirse orgulloso y presumir de ello. Àlex Rigola, director artístico del Teatre Lliure, está estos días tan emocionado y ultrasatisfecho como la Roja. El 30 de septiembre protagonizará la reapertura del Lliure de Gracia, con el estreno de «La gata sobre el tejado de zinc», de Tennessee Williams, que él mismo dirigirá. «A la ciudad le hacía falta un teatro de tipo medio, de 200 a 350 butacas. El futuro está en esta proximidad», afirmó ayer Rigola.De Pinter a ChejovEl Lliure se dividirá así en dos ramas y cambiará su sistema de comunicación. Existirá el «Lliure de Montjuïc» y el «Lliure de Gràcia». El Espai Lliure pasará a ser una sala de ensayos. Entre los estrenos de la próxima temporada destacan «Belmonte», la reposición del espectáculo de Cesc Gelabert y Carles Santos. El pianista tembién traerá «Amarat», su particular visión del mundo del circo. Xavier Albertí presentará una adaptación de «Vida privada», de Josep Maria de Segarra. Julio Manrique dirigirá «L'arquitecte», de David Craig y Carlota Subirós se atreverá con «Tres Germanes», de Chejov.En el Lliure de Gràcia, Eduard Fernández debutará en la dirección con el espectáculo de creación «Dos», junto a Pep Ramis. La obra de Benet i Jornet, «Dues dones que ballen», subirá por fin a escena. Y Lluís Pasqual dirigirá «La celebració», de Harold Pinter. En junio se instalará en el teatro para tomar el relevo de Rigola, que tras ocho años al frente del Lliure deja el cargo. Su último espectáculo será «The end», un pequeño montaje donde explicará las vivencias de todos estos años. «Era una marcha necesaria, para esta casa, para la ciudad, y para mí mismo como artista», dijo Rigola.La presente temporada tuvo una media de ocupación del 74 por ciento, tres puntos mejor que el año pasado. Aún así, el fantasma de los recortes de dinero público amenaza con aguar la fiesta.