Lección de periodismo

El objetivo de un periodista es tratar de impresionar a ese lector anónimo que, en cualquier momento, puede dejar de leerle

Hay que escribir con palabras simples, ideas claras y frases cortas
Hay que escribir con palabras simples, ideas claras y frases cortas

Por mucho que avance la tecnología y por mucho que el periodismo viva una situación de cambio constante, de lo que no cabe la menor duda es de que un buen profesional es un buen profesional, escriba para un periódico en papel o digital, trabaje en la radio o haga televisión. Por tanto, evolucionen hacia donde evolucionen los soportes, se pague o no se pague por los contenidos, las características que debe reunir un periodista de calidad serán siempre las mismas.

Precisamente por estas razones, viene muy al caso un artículo que acaba de publicar el periodista neozelandés Tim Radford en el diario británico «The Guardian», para el que trabajó durante más de tres décadas como editor de ciencia, arte y literatura y en el que, aún hoy, sigue colaborando periódicamente. Dicho artículo trata de ser un manifiesto con los 25 puntos básicos que, para él, debe cumplir un buen periodista si desea que «alguien lea» lo que escribe y es que, como explica en su artículo, más allá de las pretensiones que se tengan al redactar una noticia – «apoyar la democracia, sostener la verdad, hacer justicia…»–, lo más importante «es tener lectores».

No voy aquí a detallar cada uno de los 25 «commandments» o principios que Radford refiere en su artículo, pero sí a resumirlos y, quizás, el primero de ellos sea una síntesis de todos los demás y el que con más frecuencia olvidamos los periodistas cuando escribimos: «Cuando te sientas para escribir, sólo hay una persona importante en tu vida. Se trata de alguien a quien nunca conocerás, llamado lector».

Éste, y no otro, es el objetivo de nuestro trabajo y por eso debemos tratar de impresionar a ese lector anónimo que, en cualquier momento, puede dejar de leernos. Por este motivo, opina: «La primera frase que escribas de una noticia será la más importante de tu vida», pues ha de ser la que enganche al lector, la que le invite a seguir leyendo.

También nos invita Radford a escribir «con palabras simples, ideas claras y sentencias cortas», huyendo siempre de la pomposidad y del exceso de importancia que solemos darnos los periodistas. En este sentido, también nos apunta dos máximas a tener siempre presentes: «Nadie se quejará porque haya hecho algo muy fácil de entender» y «nadie tiene por qué leer esta basura».

Otra auténtica lección resumida en un párrafo: «En caso de duda, asuma que el lector no sabe nada. Sin embargo, nunca cometa el error de asumir que el lector es estúpido. Un clásico error en periodismo es sobreestimar lo que el lector sabe y subestimar la inteligencia del lector».

Pero no queda ahí la cosa. Más sentencias que los periodistas no deberíamos perder nunca de vista: «La vida es complicada, pero el periodismo no puede serlo»; «siempre hay una primera frase ideal para cada tema, por lo que no debemos temer emplear algo de tiempo en pensar en ella»; «palabras como superficie, fácil o simplista» no deben ser un insulto para un periodista»; «las palabras tienen un significado, y hay que respetarlo. Use el diccionario»; «las metáforas son muy buenas, pero, eso sí, elíjalas adecuadamente y nunca las mezcle»; «tenga cuidado con las palabras largas y absurdas, pero también con la jerga»… Todas estas frases deberían ser para un periodista algo así como un dogma de fe y, sin embargo, pese a su obviedad, las olvidamos con demasiada frecuencia.

Y para acabar, Tim Radford nos recuerda que, por encima de la ley, los periodistas tenemos una responsabilidad con la verdad y con la equidad pues nunca debemos olvidar que existen otros puntos de vista, otra cara de la misma historia.

No estaría de más que el artículo de Radforf fuese de obligada lectura en las universidades en las que se forma a los futuros periodistas, ni tampoco que cada uno de nosotros lo tuviésemos siempre cerca, junto al teclado de nuestro ordenador, para no perder el rumbo.