Buen desayuno

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Pepe Rei, adelantado alumno en el aprendizaje del vascuence de Liarni Armendáriz, cuñada de Chiqui Beguiristain y en prisión por formar parte del comando que asesinó a un policía municipal de Barcelona después de un frustrado atentado contra Luis Del Olmo, dirigía una publicación «Ardi Beltza» –La oveja negra–, desde la que señalaba a la ETA los objetivos para sus atentados. También lo hacía «Egin», boletín oficial del terrorismo, y posteriormente «Gara», que es igual que «Egin», aunque en la actualidad las circunstancias le han obligado a descafeinarse. En tiempos del «Egin» y «Ardi Beltza», muchas marcas con sede en el País Vasco y otras del resto de España se anunciaban en sus páginas. Marcas sorprendentes. Con la publicidad pagaban el chantaje que la ETA llamaba «impuesto revolucionario». Y algunas se dieron de baja cuando se hizo pública –yo colaboré con entusiasmo–, la relación de empresas cobardes extorsionadas por el terrorismo. Otras siguieron insertando su publicidad en las páginas de «Egin» y «Ardi Beltza» por su compromiso e identificación con la alternativa KAS que la ETA representaba desde su vertiente más sanguinaria.

Sin publicidad no hay esperanza de supervivencia para los medios de comunicación, y las cadenas de televisión privadas viven de su programación y de los anuncios. Nada tiene que ver el caso que paso a comentar con los de «Egin» y «Ardi Beltza». He principiado por ahí para dar fe a los desmemoriados de que sí existen precedentes de retirada de publicidad en España. La cadena de televisión de Berlusconi en España, Tele-5, ha experimentado ahora el abandono de algunos de los patrocinadores de su programa «La Noria». Parece que la protesta ciudadana nació del impulso individual de un periodista y bloguero, Pablo Herrero, que expandió por Internet su indignación por la presencia remunerada en el programa estrella de esa cadena de la madre del «Cuco», ese siniestro, frío y malvado menor de edad relacionado con el asesinato de Marta del Castillo. La señora madre del «Cuco» cobró por asistir 9.000 euros, que Tele-5 le abonó de mil amores. El afán por aumentar la audiencia entre una ciudadanía inculta, morbosa y de bajísima calidad lleva a esos lodos.

Pero no les ha salido bien el negocio. Se han cubierto de porquería, se han gastado el dinero, han enfurecido a una buena parte de sus fieles y han perdido a cuatro importantes patrocinadores. Campofrío, Nestlé, Puleva y Bayer.

Escribo muy bien desayunado. Soy partidario del desayuno inglés, fuerte y nutritivo. Un par de huevos fritos con salchichas de Campofrío. El café con leche de Puleva; un yogourt de Nestlé, y para facilitar la buena circulación sanguínea, una aspirina Bayer. Y me encuentro divinamente.
No siento animadversión alguna por esa cadena. Simplemente no sigo sus programas, y menos aún, sus espectáculos de menguada altura. En esa cadena disfruté como parte del programa «Este País Necesita un Repaso», con Mingote, «Tip», Antonio Ozores, Chumy Chúmez, mi compadre Antonio Burgos, Miguel Durán y Coll. Se lo cargó Mikel Lejarza, que venía de la Televisón autonómica vasca con la chapela puesta. Pero guardo un gran recuerdo de aquellos tiempos, y los buenos recuerdos no alimentan la animadversión. Tele-5 es una cadena pujante que puede reaccionar con este varapalo. Yo así se lo deseo, mientras repito el desayuno.