El Barça aún inalcanzable

La Copa sigue en manos del Barça. Por primera vez desde 1988, el campeón repitió título. La vigésimo segunda Copa del Rey azulgrana, las mismas que posee el Real Madrid, fue la constatación de que el bloque de Xavi Pascual sigue varios peldaños por encima del resto de habitantes de la ACB.

Reyes intenta canasta ante el azulgrana Lorbek
Reyes intenta canasta ante el azulgrana Lorbek

Eso incluye al Real Madrid, que no conquista el torneo desde que Sabonis alzara el título en 1993. A los de Messina les queda el consuelo de que han recortado parte de la distancia que separaba a ambos equipos. La diferencia ya no es abismal, un consuelo menor después de perder una final. Con Florentino Pérez y Sandro Rosell en el palco, el Madrid logró perder el miedo al Barça, pero por el camino también se dejó el título. Cumplió con la pizarra, con lo que estaba planificado, durante tres cuartos, pero cuando hizo falta algo más se quedó sin respuesta. La actual capacidad de Barça y Madrid queda reflejada en el peso que sus fichajes del mercado de invierno tuvieron en el duelo definitivo. Begic vio toda la final sentado en las profundidades del banquillo. Alan Anderson, el último en llegar al Palau, se convirtió en el Jugador Más Valioso de la final. El Barça es un equipo campeón, hecho y rematado. El Madrid de Messina, aunque a más de uno le cueste entenderlo después de casi año y medio de «era Messina», sigue en construcción.

El técnico italiano lo tenía clarísimo. El punto de partida para evitar que los precedentes más inmediatos (-36 en la final de la pasada Supercopa y -20 en la primera vuelta de la ACB) se repitieran era evitar que el Barça disfrutara con una de sus salidas desbocadas. Para que hubiera final, el Madrid tenía que llevar el partido controlado, que nadie se sintiera cómodo.

Prohibido correr, ni una alegría. Prigioni se grapó a Navarro y todo el equipo se metió en faena como hacía muchos clásicos que no pasaba. La propuesta no era la más atractiva, pero al menos revelaba un cambio de actitud. El equipo timorato y apocado de los clásicos más inmediatos no era el Madrid de la final. Messina tenía algo ganado. El equipo le había creído. Ató al Barça en corto. Las diferencias en la primera parte nunca superaron los cinco puntos, pero quedaba por comprobar si con eso sería suficiente.

Los planes de Madrid se cumplían, pero la recompensa era una raquítica igualdad al descanso (30-30). Navarro estaba desconectado, Tomic dominaba el juego interior, pero había cabos sueltos. Anderson había sumado once puntos en el primer cuarto. Desde el puesto de alero, desde el puesto en el que Mickeal había martirizado al Madrid , el estadounidense fue una pesadilla para Suárez. Al descanso había sumado 14 puntos y era el factor con el que Messina no contaba. Era el primer contratiempo y no fue el último.

La segunda obsesión de Messina era frenar la tradicional estampida azulgrana del tercer cuarto. Lo logró a medias. No tardaron en aparecer los primeros síntomas de flaqueza. La primera canasta en juego de Navarro, un triple después de rebotar en el aro, precedió a dos triples casi consecutivos de Lorbek. Bastó un instante de desahogo en el Barça para que el equipo empezara a reconocerse. En esa labor tuvieron un papel fundamental Sada y Grimau.

Un esguince de Ricky en el tobillo derecho concedió más minutos de los habituales al base suplente. El chico para todo de Pascual subió las revoluciones barcelonistas (37-44, min 25). Pareció que el Madrid podía volver a engancharse con un parcial de 4-0 que fueron las únicas señales de vida de Sergio Rodríguez.

Era el momento de ofrecer algo más que entrega defensiva si el Madrid quería realmente aspirar a la Copa. En la mochila del equipo blanco no quedaba nada; la del Barça sigue teniendo un fondo interminable. Aparecieron Ndong y Morris; Sada aumentó sus prestaciones y el equipo se destapó con muchos jugadores capaces de hacer muchas cosas. Los cinco primeros minutos del último cuarto se convirtieron en un nuevo capítulo de los clásicos recientes. Triples, mates, el equipo de Xavi Pascual pudo correr y empezó a disfrutar. El Madrid fue vapuleado y se encontró con la final perdida (49-64) sin ser capaz de ofrecer respuesta. Con pizarra, defensa y táctica no basta para detener a este Barça.

Resultado: Real Madrid, 60-Regal FC Barcelona, 68
 
Real Madrid: Prigioni (10), Tucker (9), Suárez (8), Tomic (12) y Reyes (3) - cinco inicial--; Mirotic (8), Sergio Rodríguez (8), Llull (-), Fisher (2).

Regal FC Barcelona: Ricky Rubio (1), Navarro (7), Anderson (19), Perovic (2) y Lorbek (9) --cinco inicial-- Sada (7), Morris (8), Grimau (4), Ndong (6), Ingles (1).
Parciales: 17-19, 13-11, 13-18 y 17-20.

Árbitros: Hierrezuelo, Conde y Martin Bertran. Eliminado Tucker (Real Madrid) por faltas personales.

Pabellón: Palacio de Deportes. 13.045 espectadores.