Políticos desgravables

La Razón
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Hay especialistas en desgravaciones como los hay en subvenciones. Yo conozco algún caso de quien, a excepción de la gasolina o la cerveza que bebe, no ha pagado nada en su vida. Todo se lo apaña mirando el BOE para descubrir exenciones tributarias o la normativa de la Junta para encontrar ayudas por la compra, pongamos por caso, que de un ordenador personal. Entre exenciones, ayudas y bonificaciones varias, esta clase de artistas financieros se pueden comprar desde un frigorífico triple A a las ruedas del coche de la mujer pasando por las vacaciones en un hotel decentito a módico precio. Cuando vas a sus casas descubres sorprendido que no les falta un perejil, de lo cual yo me alegro, aunque me siga haciendo gracia cuando te sueltan lo de que llevan catorce meses en el paro y que ella tiene un contrato a tiempo parcial del que, por suerte, pueden ir tirando. Desconozco cómo pagan al fontanero, al peluquero o al Mercadona en situación aparentemente tan precaria pero, ahí están, con sus grifos funcionando correctamente y sus neveras en las que suele haber tabletas de chocolate.
Ahora que precisamente llegan las fechas de cumplir con Hacienda es cuando más me doy cuenta de estos estrambotes. Especialmente del que considera que es más rico el que más paga aunque no necesariamente el que más tiene, de manera que para ser pobre lo único que se puede hacer es evitar pagar en lo posible. Mi amigo Plácido, a los efectos mi asesor financiero, es en este sentido un auténtico «doctor no». Cuando me planto ante él con los recibos que honestamente considero desgravables, él siempre tiene un «no» en la boca. No desgrava la cuota mensual del inglés del niño ni los gastos de comedor ni su curso de música. No desgrava el seguro de salud, ni el dentista, ni ir poco o mucho al médico y ahorrar dinero al Estado. No desgrava plantar un árbol ni consumir aspirinas. No desgrava casi nada, para ir acortando, a excepción de las cuotas a sindicatos y a partidos políticos, para que luego digan a los del 15M que no es verdad que alimentemos a una casta. Eliminaron la subvención por nacimiento de hijos pero, por contra, podemos seguir alumbrando diputados y delegados sindicales.
Yo, que soy lego en la materia pongo cara de incrédulo hasta que Plácido me saca del asombro con deducción cartesiana: puedes convertir a tu hijo en un zoquete, que no sepa inglés ni toque la flauta pero, amigo, como se te haga concejal eso sí que desgrava para que de mayor pueda seguir tocándote las narices.