Valeria Mazza: «No creo en la perfección»

La argentina asegura «no tener morriña de la pasarela» a un paso de los 40 años

A Valeria se le ilumina la mirada cuando se menciona a sus hijos, en la foto, junto a ellos y a su marido
A Valeria se le ilumina la mirada cuando se menciona a sus hijos, en la foto, junto a ellos y a su marido

A punto de llegar a la barrera de los 40, hablar de crisis de madurez en el caso de Valeria Mazza, suena irrisorio. Lejos de haberse quedado atrapada en una eterna adolescencia como alguna de las «tops» de su quinta –véase Naomi Campbell–, la argentina ha sabido reciclarse en empresaria sin olvidar que como modelo sigue teniendo tirón. Ahí está su nuevo perfume, que presentó hace unas semanas, o el hecho de que Pirelli contara con ella para la inauguración de su primera tienda en el mundo para formar tándem con la Diosa de Ébano, Eva Herzigova e Inés Sastre.

–¿Volvería a posar para el célebre calendario Pirelli?
–Tapadita hasta arriba, puede que sí.

–¿Tiene morriña de la pasarela?
–No. Está claro que volvería por un amigo, con motivo de un desfile benéfico o simplemente por diversión. Nuestro trabajo es como el de los deportistas o de una bailarina: sabes que son unos años, que tiene fecha de caducidad y a partir de ahí puedes, si quieres, continuar vinculado a tu mundo. Está claro que yo me siento muy cómoda en todo lo relacionado con la moda y sigo enganchada con campañas publicitarias, eventos… Trabajo mucho en Latinoamérica y de vez en cuando me hago escapadas a Europa y Estados Unidos. No me falta trabajo.

–Jubilación, cero.
–Nunca dejé mi trabajo. Eso sí, hace doce años decidí apostar por mi familia y ser madre. Hace dos tuve a Taína, mi cuarto hijo, y desde entonces he retomado algo más la actividad, teniendo Argentina como base de operaciones. De hecho, ahora tengo entre manos una campaña con Procter & Gamble y Unicef para frenar los casos del tétano neonatal en países subdesarrollados. Por cada producto que se compre, la firma regalará una vacuna. En octubre marcharé a Tanzania para comprobar sobre el terreno cómo funciona el proyecto.

–Madre de cuatro hijos, casada desde 1998 con el empresario Alejandro Gravier. Forman una familia que podría tacharse de «perfecta».
–Cada uno pone la etiqueta que quiere a los demás, y cuando uno está expuesto como yo por mi trabajo, la gente tiene el derecho de opinar. Desde mi lugar, te digo que no creo en la perfección, y mucho menos cuando hablamos de seres humanos. Con Alejandro como padre, juntos siempre aprendemos cosas nuevas. Y lo hacemos con el método ensayo-error, son nuestros hijos los que nos marcan el camino. Somos dos padres muy presentes y los acompañamos con mucho amor, pero nos equivocamos, peleamos, nos gritamos y nos besamos. Pasa de todo.

–Por España se deja ver poco…
–Desde que lancé hace dos años «Qué me pongo», un libro en el que reflexionaba sobre la importancia del fondo de armario, no he hecho más por allí. Lo cierto es que funcionó muy bien.

–Usted pertenece a la generación por excelencia de las «tops», mujeres con personalidad, alejadas del «look» andrógino actual que se mueve en las pasarelas. ¿Cambiará esta tendencia?
–Va por momentos. A finales de los 90 y principios del nuevo siglo apareció esa nueva tendencia de mujeres asexuales en las pasarelas. Son tendencias, porque en medio de esto se han movido modelos con personalidad, femeninas y sensuales, como Gisele Bündchen, Laetitia Casta, Natalia Vodianova… En nuestra época se dio todo: un grupo de modelos fantásticas y con carisma, que se combinó con el hecho de que todos los focos estuvieran puestos en el mundo de la moda. Hoy los referentes se han disuelto entre personalidades del mundo de la música, del espectáculo… que han dado el salto a las campañas publicitarias.

–Pero de ustedes, nadie se olvida…
–No importa el trabajo que desempeñes. Cuando haces algo que está bien, deja huella.


Una madre orgullosa
A Valeria se le ilumina la mirada cuando se menciona a sus hijos. Sobre todo cuando se le recuerda que hace una semana, Baltazhar, de 12 años, ha ganado un campeonato nacional de slalom gigante, con un futuro prometedor en el esquí. «Todavía es pequeño para hablar de Olimpiadas, pero si Dios quiere tendría la edad perfecta para los Juegos de 2018», dice. ¿No teme que pierda parte de su adolescencia por la disciplina que exige? «Ahí tenemos cosas en común. Yo aprendí a ser disciplinada desde pequeña, ya que era nadadora, y todo lo que me enseñó el deporte me sirvió después para la moda. No creo que se vaya a perder nada, como tampoco tengo la sensación de que yo perdiera ningún tren en mi vida. De momento disfruta con lo que hace y él decidirá en el futuro si sigue».