Academia

Al final han pasado las elecciones a la presidencia de la Academia de cine con más pena que gloria, con un aire sinsorgo y rutinario que indica por lo pronto una carencia en los mecanismos de difusión de glamour y lujo que deberían un solo golpe de relumbrón al año con smokings y puntadas de alta costura con la llegada de los Goya.

La Razón
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La Academia hace muchas más cosas, de acuerdo. Sólo hace falta que el personal se entere de que se cuece por allí. Para mí que lo que le falta de primeras es un lema. Ahí tenemos a los de la lengua, sin ir más lejos, con su «Limpia, fija y da esplendor».

Toma del frasco, a ver quién es el guapo que supera eso, con sus venerables miembros cargados de sabiduría, sus condecoraciones y sus dietas, tratando de cazar las palabras en búsqueda de la pureza última del idioma. En el cine, sin embargo, se comienza por la discusión entre la conveniencia del doblaje y el subtitulado, que es tema más peregrino para especular sobre el equilibrio entre la cultura y el comercio y ya debería estar superado desde tiempos de Maricastaña.

Han elegido a Enrique González Macho y se habla de una victoria de la industria sobre la fantasía de vanguardia que representaba Bigas Luna en cierto modo siguiendo la estela de Álex de la Iglesia. O lo que es lo mismo, que el cine español es ante todo gremial y se vota de oficio a las viejas maneras, con un distribuidor-exhibidor de cine de autor a la antigua que cae bien a todo quisque y que garantiza la defensa del pan y el canapé a la profesión. Y en resumen, se dirime la batalla sobre si internet es el futuro, el presente o el pasado a estas alturas, que todo pinta a que vamos con retraso.

Lo bonito sería ver a la Academia moviendo el culo, hacer que el Ministerio de Cultura se ponga las pilas junto al de Exteriores para tener difusión en el extranjero, más allá de los tenderetes de marras. Tener una página patrocinada para bajar películas legales gratis, tantas cosas, pronto, tal vez mañana…