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La entrevista del domingo

Raúl Guerra Garrido: «No quiero el perdón de un terrorista sino que hablen los que callaron»

Escribió, en 1976, la primera novela sobre el terrorismo de ETA, un tema que los escritores vascos han rehuído tratar

  • Raúl Guerra Garrido
    Raúl Guerra Garrido
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

10 de diciembre de 2011. 15:08h

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Madrid. 11/12/2011

Advierte que todas las relaciones sociales en el País Vasco han estado marcadas por el miedo. Por ejemplo: publicó «La Carta» (relato basado en la misiva de extorsión que envían a un empresario), en 1990, pero su editorial de entonces no se atrevió. Otro ejemplo: en una antología de textos que hizo en una universidad de California, la subvención del Gobierno vasco fue con la condición de que se suprimiesen dos: «El laberinto vasco», de Julio Caro Baroja, y «La carta», dice. 

-«Lectura insólita de "El Capital"», publicada en 1976, fue la primera novela que trató el tema del terrorismo de ETA. Y su novela posterrorista, ¿para cuándo?
-Y fue el primer Premio Nadal después de la muerte de Franco. No se escribía nada, ni en euskera, ni en castellano, ni en sánscrito... sobre ETA. Claro que me gustaría escribir esa novela posterrorista, no por interés literario: sería de una pareja de enamorados, una historia aburrida en un país democráticamente normal... Pero mis intereses literarios han ido por otro lado.

-¿Sabe cuántas novelas se han escrito sobre ETA?
-(silencio) Se han escrito muchas cosas, pero desde la ardiente neutralidad. Alguien quería hacer una película y me llamaron: queremos entrevistarte. Lo acepto con una condición, contesté: que cuando presentes la película tú te estés jugando la vida con ella. Me contestaron que era una película neutral. Dije que no participaba en eso. Fue «La pelota vasca»... con la que estaba cayendo entonces.

-Da la sensación que su obra se ha sacrificado por el terrorismo.
-No. Claro que yo y otros hemos sacrificado cosas, pero me ha tocado vivir lo que he vivido. Quizá en «La carta» sí era consciente de que me estaba jugando mucho. El sacrificio no ha sido con mi obra literaria sino con mi compromiso civil.

-Se habla del «relato» del final del terrorismo, como si quien tuviese la mejor historia, ganase la batalla. 
-El terrorismo ha conseguido llevar a la política el nacionalismo obligatorio. Ese es un relato. Otro es que los movimientos civiles son los que han derrotado a ETA. Por supuesto, también las fuerzas de seguridad..., pero no los partidos políticos. Porque quien sacó a la gente a la calle fue Basta ya! Todo eso tuvo un coste: las fotos de los que convocamos la primera manifestación aparecieron por toda la ciudad llamándonos asesinos. ¿Más relato? Nosotros decíamos que no éramos pacifistas, lo que queríamos era libertad. Yo celebré con Franco los 25 años de paz... No era esa paz la que buscábamos. El tema es la democracia. ¿Ese es el relato?

-Y en ese relato está la herida moral que ha quedado en el País Vasco.
-Y esa no se va a cerrar, porque como ha habido tanta neutralidad cómplice y tanto silencio, la sociedad tiene que hacer una autocrítica muy severa de todo lo que ha pasado y cómo se ha podido llegar a donde se ha llegado. Es como sucedió en la sociedad alemana, que con el tiempo descubrió su implicación silenciosa en el nazismo.

-También se habla del perdón, pero ningún nazi pidió perdón a sus víctimas.
-Sería contradictorio pedir perdón: aquellos nazis dijeron cumplir con su deber. Pero más importante que el perdón es que la sociedad civil, incluso los no nacionalistas, hablen. Yo no quiero el perdón de un terrorista, sino la reflexión de los que estuvieron en silencio, que hablen los que callaron. Unos, con complacencia recogiendo las nueces; otros, porque si no se movían no les iba a pasar nada.

-¿Ha intentado ahora hablar de esto con otros escritores que no estén en su posición?
-Al principio, en los primeros ochenta, intenté lanzar puentes, pero era muy difícil. Incluso algunos que escriben en euskera me dan una explicación más sociológica: te decían que estaban de acuerdo con nosotros, pero que si firmaban, ¡cómo va a potear al día siguiente en su pueblo! Insisto, el tema es el silencio.

-Jose Sarrionandia, miembro de ETA en paradero desconocido, Premio Euskadi de Literatura. ¿Ha llegado la paz?
-(silencio) ¿Todavía no lo ha ganado un escritor llamado Fernando Savater? Todo es muy raro en el País Vasco. Odón Elorza llegó a proponer que San Sebastián fuera «ciudad refugio de escritores perseguidos». Un sarcasmo divertidísimo cuando muchos escritores de su ciudad íbamos con escolta. «Memorias de un alemán», de Sebastian Haffner, cuenta cómo deja Alemania presionado por compañeros de trabajo, vecinos que le rehuían... Es curioso, ese libro fue un best-seller en el País Vasco.

 

Letras y silencio
La semana pasada, Fernando Aramburu recibía el premio Tusquets de novela por «Años lentos», recuerdos de un joven que crece mientras ETA se lanza a su viaje. «Los escritores vascos no son libres, están subvencionados», dijo en la Feria del Libro de Guadalajara (México). Días después rectificó en «El País», aunque manteniendo lo esencial: «No es fácil olvidar las notables ausencias, los sonoros silencios, del gremio literario durante los actos de apoyo a los periodistas, libreros y demás representantes de la cultura atacados».

 

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