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III / La situación económica: Al borde del precipicio por Carlos Rodríguez Braun

La mala situación de España no emana de los mercados, sino de las medidas nocivas y contradictorias de los gobernantes

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18 de septiembre de 2011. 03:52h

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18/9/2011

La radiografía de la economía española se resume en estas tres palabras: riesgo de frenazo. Lo primero que preguntaría una persona desavisada sería: «¿Frenazo? ¿Cómo es posible? ¿No estaba ya frenada nuestra economía? ¿No hemos estado continuamente en recesión, y además cada vez peor?». Y la respuesta es: no. Pese a lo que se ha dicho y escrito, la economía española tocó fondo a mediados de 2009 y desde entonces, trimestre a trimestre, el PIB se ha ido recuperando: primero decreció menos y después creció, poco, no lo suficiente para reducir la tasa de paro, pero creció. El perfil de la curva de la tasa interanual de variación del PIB se parecía a una U o una V. Sin embargo, el mes pasado se encendieron todas las alarmas, y aún no se han apagado, porque los indicadores empezaron a sugerir que aún esa débil recuperación podía detenerse y, por seguir con los símiles, la curva podía hundirse otra vez, en forma de W, si cae y vuelve a remontar en el futuro, o podía estancarse, dibujando un trazo parecido al de una raíz cuadrada, si deja de crecer pero no remonta.

La explicación de lo sucedido estriba en la asimetría del ajuste y en los errores de la intervención pública. Cuando se habla de ajustes y recortes, suele pensarse en los emprendidos, en general débilmente, y anunciados, a bombo y platillo, por el sector público. En realidad, esas medidas fueron tomadas básicamente por el sector privado, que ha protagonizado un ajuste durísimo y doloroso en términos de millones de trabajadores que han perdido sus empleos y cientos de miles de empresas que han debido cerrar sus puertas. Es ese ajuste el que preparó a la economía española para volver a crecer. Sin embargo, los gobernantes no hicieron otro tanto, con lo que el derrumbe de la recaudación, derivado del desplome de la actividad económica, condujo rápidamente a una situación de las finanzas públicas al borde de la insostenibilidad, que es lo que subyace a las perturbaciones presentes, en absoluto derivadas de «los mercados» sino de las medidas nocivas y contradictorias de los Gobiernos.

Ejecutivo irresponsable
No quiero decir con esto que la política económica haya sido correcta antes de la crisis: al contrario, allí nacen los problemas, en la irresponsabilidad del Gobierno, que se escudó en que la deuda pública bajaba y en que había superávit para no contener el gasto público; de haberlo hecho, la deuda podría haber caído mucho más, de modo tal que tras la crisis las autoridades podrían haber hecho lo correcto, bajar gastos e impuestos, en vez de lo que en realidad hicieron: subirlos. Ese grave error de política económica, combinado con la reticencia a la hora de liberalizar los mercados (no sólo el de trabajo), retrasó y debilitó la recuperación, que en caso contrario se habría producido seguramente antes y con más vigor.

¿Qué puede suceder a partir de ahora? Nadie lo sabe, pero cabe sospechar algo sobre méritos y culpas. Si la economía supera el frenazo y recobra el crecimiento, será porque trabajadores y empresarios habrán compensado el lastre impuesto por las autoridades. Y si no, no.


Carlos Rodríguez Braun
Economista


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