Exiliados: «No volveré hasta el fin de ETA»

Los desterrados por el miedo recelan de la tregua y del clima político vasco

Iñaki Ezkerra
Iñaki Ezkerra

MADRID-Desde hace treinta años Carlos lleva guardada una foto en la cartera. En blanco y negro, aunque amarilla por el paso de los años, es la cara de uno de los que le obligaron a irse de su casa en busca de otro lugar donde no habitase el miedo. Se fue del País Vasco, como, según algunos cálculos, han sido obligadas a hacerlo unas 200.000 personas. Todas, por cierto, con la sensación de que estaban siendo «derrotados» por el terrorismo de ETA. Se fueron deprisa, dejando casi todo atrás, menos la nostalgia. José Virgilio se marchó con el coche a Madrid y después tuvo que pedir que le mandaran sus cosas en un autobús. Había sido concejal del PP en Getxo y hace once años, cuando le dijeron que estaba en un lista de ETA, que podía ser el siguiente, se fue, cansado de las pintadas en su casa, de llamar al inspector de la Policía y recibir largas, de tener todos los días bajo su portal a los abertzales, de estar marcado por creer en la democracia. «Además del sentimiento personal, irte obligado del País Vasco para vivir en otro lugar es «la muerte civil», reconoce en una cafetería cerca de Madrid, en un día en el que no para de llover, «un día vasco», dice. «Siempre he sentido la morriña esa de pensar cómo son los días en Bilbao», y destaca que lo bueno de Madrid «es el anonimato».


Trabas para regresar
Desterrados, a veces olvidados y algunos con miedo a dar la cara, ahora se han acordado de ellos: el Gobierno vasco anunció esta semana un estudio para analizar los problemas a los que se enfrenta este colectivo que se marchó del País Vasco por la «amenaza directa de ETA», así como por el acoso de la violencia callejera, y establecer las ayudas necesarias para facilitar su vuelta. El impulso de este informe, aún sin fecha, nace a raíz de las llamadas de afectados realizadas «en los últimos meses» a la Dirección de Víctimas del Gobierno vasco en las que exponían los obstáculos con los que tropieza su deseo de regresar al País Vasco. Dificultades que se centran en el acceso a una vivienda de protección oficial o a ayudas sociales, dado que en ambos casos se exige un empadronamiento en la comunidad vasca de dos años, informa I. Moneo.

«Las cosas han cambiado», asegura José Virgilio. Lo que no sabe es cuánto, y, sobre todo, por cuánto tiempo. «No sé si sólo es un paréntesis gracias al gobierno de Patxi López con el apoyo del PP de Basagoiti o si de verdad se están empezando a sentar las bases de algo duradero y pacífico. «Para eso tendríamos que poder votar, ésa sería la prueba de que se está avanzando y se están cambiado las cosas», continúa José. Ésa es su petición, más incluso que volver. «Con otro gobierno sería más complicado lograr el derecho de voto, porque los que nos hemos ido, seguramente no votamos nacionalismo vasco», explica Ana María Vidal Abarca, una de las fundadoras de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), a cuyo marido asesinó ETA. Entonces, se vio obligada a exiliarse a Madrid, donde coincidió con muchas viudas que por culpa de la banda terrorista, tuvieron que abandonar su tierra y ganarse la vida «limpiando escaleras». Ella, como todos, no se fía. Lo que han sufrido no se cura con unas palabras. «Pero son pasos positivos, vamos a ver cómo se materializan», dice Niko Gutiérrez, que puso una casa rural en Fromista cuando tuvo que marcharse del País Vasco, para que su hija no naciese en un mundo donde el terror era rutina. Todos rehicieron su vida y ya no son los mismos que se marcharon. Volver es complicado. «El exilio es un camino sin retorno», cuenta Iñaki Ezquerra.

«Yo me fui soltero», dice José Virgilio, ahora tiene una familia y una hipoteca que pagar lejos de lo que fue su casa. Pero puede que vuelva, con tiempo, más adelante. Aún es joven.
Carlos Ruiz es mayor que él. Echa de menos no ver todos los domingos al Sestao, esté en la categoría que esté, pero sabe que no va a volver, primero porque no se fía, porque cree que esto sólo es un movimiento electoral, y además porque en Madrid tiene su vida. Se fue del País Vasco en los tiempos duros; el número de teléfono de su casa en Madrid no está en páginasblancas.com, sus hijos, a los que crió en Madrid, ya son mayores, y él vive con su mujer. Y con el retrato del tipo que le obligó a vivir lejos de su tierra.

Mónica Lejarreta tenía 14 años cuando tuvo que hacer la maleta y abandonar su tierra. Eran los años de plomo, de capillas ardientes a las que «siempre íbamos los mismos». Hija de Manuel Lejarreta, ex alcalde de Vitoria y ex diputado general de Álava entre 1972 y 1977, sus padres no aguantaron más la presión. Las cartas exigiéndoles el impuesto revolucionario y el asesinato de Jesús Mari Velasco, íntimo amigo de la familia empujaron a su padre a vender Villa San Luis e irse como «proscritos». «Siento tristeza cada vez que regreso, pero sólo volvería si se produjera un abandono definitivo de las armas», cuenta Mónica. «Hasta que me casé con un madrileño soñaba con volver a Vitoria, pero «me falta la capacidad de poder creer». Sin el fin de la banda terrorista ETA «todo me parece una declaración de intenciones muy ingenuas».


Carlos Ruiz Cortadi
- Fue concejal y primer teniente de alcalde en Sestao hasta que en 1979, la Policía le avisó de que estaba amenazado por ETA. Dice que tuvo la suerte que no han tenido otros, porque la empresa donde trabajaba le ayudó a trasladarse y darle un puesto en Madrid. Sabe que algunos exiliados tienen miedo de dar la cara, pero él, jubilado, con los hijos ganándose la vida por su cuenta, ha decido hablar alto sobre la situación de los vascos obligados a abandonar su casa por los violentos. Lo más difícil, dice, va a ser probar que a la gente la obligaron a irse. Él busca los documentos de la Policía en los que se leía su nombre como amenazado. Interior le ha dicho que existen, pero cuando ha querido conseguirlos, todo han sido pegas.


José Virgilio y Ana María Vidal Abarca
- Entró en política en 1990 y ocupó varios cargos dentro del PP de Vizcaya. Sufrió dos atentados fallidos: uno en el descansillo de su casa y otro en su coche, situado en el garage. La bomba provocó un incendio y tuvieron que desalojar de madrugada a 200 vecinos.
- Es una de las fundadoras de la AVT que este año cumple su 30 aniversario. Después de que ETA asesinara a su marido, el comandante Jesús Ignacio Velasco Zuazola, abandonó Vitoria. Dice que aunque la «obligaran» a irse, «no hay que ir de víctima».


Iñaki Ezkerra
- Escribió el libro «Exiliados en democracia», publicado en Ediciones B, en el que cuenta tanto su historia como la de otros vascos que están sufriendo el destierro. Lo escribió sin perder el humor y la ironía. Piensa que para quienes tienen que exiliarse es muy complicado volver, pero que lo fundamental ahora es «crear una cultura de convivencia y que ETA no vuelva a entrar en las instituciones. Que se quede totalmente fuera».