Matthias Kühn pide 145000 euros por la boda de Guti por Jesús Mariñas

Melenas por encima del hombro como balance, resumen y aire desfasado de lo visto, más que aplaudido, en los recientes desfiles barceloneses del Gaudí Novias, que sigue contra viento, marea y crisis. Genoveva, Tamarita, Adriana, Eva González y Helen parecían de acuerdo en el pelo largo con aire Palomita Cuevas o Paula Echevarría, un corte no diría favorecedor porque acorta sus figuras no excesivamente grandes. Como en un maquinado «todos a una», coincidió desde Romina Beluscio en Rosa Clará –sin temores a ver rebajado su tipazo cada vez más recinchado en ajustamientos de casi malla látex– a una Gema Ruiz Cuadrado ansiando algo menos bullicioso que lo organizado «a dedo» en Córdoba cuando su boda con Álvarez Cascos. El también inminente enlace de un jugador barcelonés dificulta que Guti y Romina mariden en julio ya pospuesto lo en principio señalado para San Juan cuando «la sardina moja el pan», según dicen en mi tierra gallega. Romina y Guti siguen mareando no sólo la perdiz, sino al personal, con vacilaciones, despistes y contradicción incesante aumentada tras verlos embelesados en su última entrevista con Xavier Sardá. Ella mantiene que «sólo hablaré en mi programa y para Antena 3, que son los que me pagan, porque yo trabajaba antes de conocer a José», argumenta justificando mientras da pelos, señales, cantidades y exigencias ante la posible celebración estival en la isla ibicenca de Tagomago que administra Matthias Kühn, pareja de Norma Duval. La visitamos hace un año en un casi safari montado por su íntima Belén Quijada. Hasta el paradisíaco lugar se accede por un camino de cabras, de ahí que nos encontrásemos en nuestro ambiente casi escalando por una empinada y pedregosa cuesta que lleva a una panorámica única. Nos dieron un surtido de salchichas alemanas que había que pillar al vuelo. No resultó un festín gastronómico pese al esfuerzo de Norma y sus niños ya a punto de descendencia. «Se ofrecieron a organizarlo todo y pedían 145.000 euros por todo el servicio. Incluía desde almuerzo para 50 personas a traslado en barco, un disc-jockey y jornada completa entre casa y el entorno, realmente único. Nos pareció una barbaridad y lo más sorprendente es que no tenían reserva alguna para este verano. Nos ofrecían el día que nos apeteciese», me dice Romina, que me tiene en un ¡ay! incesante con este casi bipolar montaje casamentero.