Hollywood corona a Colin Firth

Lo dijo Steven Spielberg cuando entregó el domingo el premio a «El discurso del rey» en el trono de Hollywood al obtener cuatro Oscar (película, director, actor y guión original): «A lo largo de la historia del cine son muchas las que no ganaron el Oscar, a pesar de ser grandes películas».

Firth, orgulloso con el Oscar que le acredita como mejor actor
Firth, orgulloso con el Oscar que le acredita como mejor actor

Es el caso de «Valor de ley», que dejan a los Coen irse de vacío si un solo premio, y también de «La red social» que, como explicó su productor, Mike De Luca, «ha llegado mucho más lejos de lo que esperábamos, aunque ha perdido fuelle en el último tramo de la carrera. Tal vez no era del gusto de la Academia, como sí lo ha sido la cinta de Tom Hooper, aunque históricamente existe una desconexión entre los críticos y los miembros que votan en los Oscar». Efectivamente, la desconexión de la que hablaba De Luca se hizo patente en directo ante millones de espectadores. Aunque tal vez sea el aludido productor quien deba culparse por dejar que los todopoderosos hermanos Weinstein (con Harvey como cerebro) colocaran «El discurso del rey» en primer lugar en los premios que otorga el Sindicato de productores, directores y actores, lo que produjo un auténtico tsunami a su favor entre los miembros de la Academia.

El poder de los Weinstein

La pareja no repara en gastos a la hora de coleccionar estatuillas. Así, se empeñaron en que Colin Firth apareciera ante los medios menos encorsetado que de costumbre y cerraron con él interminables encuentros con la prensa. La guinda llegó cuando los productores dieron las gracias públicamente a la soberana inglesa por haber respaldado el filme, otro de sus golpes de efecto. Pero vayamos hacia atrás en el tiempo. «La red social» en el mes de diciembre era la película más vista de 2010, recibió los elogios de la crítica y se hizo con todos los premios posibles, Globos de Oro incluidos. En su contra tenía que era un título comercial que se apoyaba más en el guión que en la puesta en escena y la interpretación. Ése fue, precisamente, el argumento que aprovecharon y explotaron Harvey y Bob Weinstein, detrás de los cuatro Oscar de «El discurso del rey», que presenta, además de una impecable escenografía, un gran trabajo actoral basado en una historia de superación personal, argumento por el que sienten debilidad los norteamericanos. Es, además, un personaje auténtico de una familia real. No olvidemos que una buena cantidad de intérpretes se ha llevado el premio a casa por meterse en la piel de un personaje con una tara física o mental, empezando por Fredrich March (1931, por «Dr Jekyll y Mr Hyde») y siguiendo por Harold Russell (1946, en «Los mejores años de nuestras vidas»), Cliff Robertson (fue un retrasado mental en «Charly», de 1968), John Voight (en 1979 interpretó a un parapléjico veterano de Vietnam en «El regreso») y Dustin Hoffman (1988, como un autista en «Rain Man»), entre otros.

El seductor Mr. Darcy

El actor británico ha recibido el mayor honor de la industria (que se ha rendido ante un filme que habla inglés, su mismo idioma, lo que no deja de ser un elemento de unión) por su interpretación de Jorge VI, aunque, como aseguró tras recibir el Oscar, del personaje que guarda los mejores recuerdos es de Mr. Darcy, el galán de «Orgullo y prejuicio» (1995). Y lo explicó así: «Mr. Darcy seguirá vivo y conmigo el resto de mi carrera. No deseo que el público cambie la perspectiva que tiene de mí». Sin embargo, en los Oscar ha triunfado gracias a un rey con problemas en el habla que nada tiene que ver con el joven seductor a quien dio vida en «Orgullo y prejuicio».

En cuanto a la ceremonia, pecó de previsible, sosa y aburrida: ni un chiste se salió del guión. Ni premios, ni premiados, ni presentadores, ni invitados dieron la nota. Tal vez por eso, actores que no se ajustan al cliché como Jack Nicholson hace tiempo que dejaron de ocupar una butaca en el Teatro Kodak. Uno tras otro, desde Melisa Leo y Christian Bale, secundarios premiados por «The Fitgher» (el de él era otro Oscar cantado) hasta «Toy Story 3», mejor filme animado, sin olvidar a Natalie Portman (a quien nadie tampoco discutía la estatuilla) y al propio Firth no hubo sorpresas. Hathaway resultó aburrida y sin recursos y a James Franco se le vio insípido y cansado. Quizá el único momento de los eternos 195 minutos que duró en que arrancó alguna sonrisa fue cuando apareció vestido de Marilyn Monroe. Los organizadores de la gala no acertaron en su afán por rebajar la edad de la audiencia y subir al escenario a los jóvenes cachorros de Hollywood. Pincharon, y se notó tanto que cuando apareció Billy Crystal en escena los asistentes en pie le ovacionaron, lo que se traduce como que pedían su regreso en 2012.

En definitiva, fue la gran noche del cine británico, de Colin Firth y de una película producida con 30 millones de dólares y quince productores (aunque sean los Weinstein quienes encabecen tan prolija nómina). Tal es la reciente obsesión en Hollywood por conseguir créditos a la hora de producir que los miembros de la Academia se han planteado este año cambiar las reglas para que no se convierta el escenario en una reunión de productores encima del escenario del Teatro Kodak.