El negocio de ser «hippie pija»

La prometida de Andrea Casiraghi hace caja al convertir la moda étnica en producto de lujo

Tatiana Santo Domingo, y su socia, Dana  Alikhani, en uno de sus viajes
Tatiana Santo Domingo, y su socia, Dana Alikhani, en uno de sus viajes

Alejada del cliché de las «hijas de», Tatiana Santo Domingo, la prometida de Andrea Casiraghi y futura madre de su hijo, ha conseguido convertir su pasión (la moda y los viajes) en un negocio y el apellido de su novio, en su mejor activo. «Socialité», bohemia, viajera y rica heredera, éste es el perfil de empresaria de Muzungu Sisters, la iniciativa que comparte con su amiga Dana Alikhani. Juntas, recorren el mundo y enloquecen buscando en mercadillos para después vender sus «hallazgos» como si de oro se tratara. Para ello, viajan dos veces al mes a los rincones más atractivos del planeta, disfrutan, ojean, compran y venden. Un tren de vida que para sostenerse necesita de la fortuna de «papá», y a la de Santo Domingo no le faltan ceros. Por lo visto, su fortuna se sitúa en torno a los 7.000 millones de euros, heredada de su abuelo, Julio Santo Domingo, la segunda mayor de Colombia, según la revista «Forbes». Sin embargo, no es una niña bien al uso, y durante esta semana en Madrid quiso dejarlo claro: se instaló con Muzungu Sisters, su firma de «moda ética», en el madrileño barrio de Salamanca para vender las últimas novedades de la colección multicultural. Túnicas marroquíes, ponchos peruanos, chilabas, pantalones de gaucho argentinos, capazos de paja sicilianos, mocasines... Productos confeccionados con manos pobres de todo el mundo que acaban en otras más ricas, principalmente, de la jet-set europea. Y es que los exclusivos precios de la marca no están al alcance de cualquiera, son lo suficientemente elevados para considerarla de alta gama. La excusa de Muzungu: «Se trata de prendas artesanales únicas obtenidas mediante comercio justo». Un término que junto con el de «moda ética» viste muy bien de cara a la opinión pública pero que exige una responsabilidad social añadida: garantizar que el productor recibe un salario adecuado y que las formas de producción también lo sean. Valores que Santo Domingo y su socia parecen dominar a la perfección. Así, durante su estancia en la capital española, alardeaban de su negocio como si de una ONG se tratara y enternecían a los clientes con mágicas historias sobre las comunidades de países pobres que artesanalmente realizaban sus piezas «únicas». Sin embargo, su pasión por el comercio justo contrasta con el poco protagonismo que otorgan, en realidad, a las comunidades que los realizan: ni rastro del nombre de las cooperativas o su página web, como sí realizan generalmente las importadoras y distribuidoras de comercio justo. Al parecer, tampoco figuran en la base de datos de FairTrade, aunque este hecho no significa que no importen desde cooperativas que sí lo están: «Es raro que no quieran llevar la etiqueta si trabajan con productores de la organización. Normalmente esta información se quiere dar a conocer», afirma a LA RAZÓN Marta Guijarro, responsable de comunicación de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. Asimismo, «FairTrade» España explica que «las iniciativas como ésta no cuentan con verificación externa, no se someten a auditorías, mientras que lo que pretende el comercio justo es garantizar la transparencia y la trazabilidad».

 Sea justa o no su forma de compraventa, los precios de la hippie-chic cortan el hipo, incluso varias distribuidoras del sello de Comercio Justo en nuestro país muestran su sorpresa al conocer las cifras. Por ejemplo: 127 euros cuesta un collar, 637, un jersey; 284, un bolso... «No se aconseja un precio final, pero la realización artesanal no es justificación para que éste sea elevado», declara Guijarro, que sin embargo no duda de las buenas intenciones de la marca. Eso sí, según Dana: «Donamos el 10% de las ganancias a las ONG con las que trabajamos y nos aseguramos deque con ese dinero puedan vivir dignamente». Un porcentaje que también dista del que generalmente se ofrece, el 17%, según indica la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. Parece que lejos de ser dos hermanitas de la caridad, pese a sus buenas acciones solidarias, las jóvenes son ávidas a la hora de echar cuentas. El precio de los productos en una distribuidora de este modelo de negocio oscila entre 10 y 70 euros. Está claro: los negocios son los negocios. «Es una empresa, no caridad», sentenció la socia de Santo Domingo en su tienda efímera de Madrid.

Pareja de alcurnia
Hace siete años nadie hubiera apostado a que el romance entre Casiraghi, un niño pijo con aires parisinos, y la bohemia Tatiana acabaría en boda, y de penalti, como adelantó LA RAZÓN este jueves. La pareja se conoció en París, donde la joven estudió y encontró a sus mejores amigos, tan nobiliarios y de tan alta alcurnia como ella, entre ellos, los dos hijos de Carolina de Mónaco, Eugenie Niarchos, Margherita Missoni, Bianca Brandolini, la familia Dellal... Un selecto club con los que Tatiana continúa vinculada, bien por el amor, la amistad o por los negocios.