Adiós al 110

La Razón
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Una había sido una firme detractora del 110, por pensar que diez kilómetros a la hora más o menos, sólo separaban unos pocos minutos el destino, mientras que acercaban espectacularmente la posibilidad de una multa. Y como lo del ahorro del combustible, además, me sonaba a trola gubernamental adaptada a las necesidades de quien no ha sido previsor y se ve compuesto y sin gasolina, no me parecía justificable tal reducción. Sin embargo, vistos los resultados, debo aceptar no mi error, porque sigo creyendo que el afán del Gobierno era fundamentalmente recaudatorio y que el ahorro de combustible ha sido más bien exiguo, pero sí que tal límite de velocidad es absolutamente recomendable. Y me explico: si hacer que el Universo se mueva más lentamente y que todos lleguemos un poquito más tarde a nuestros destinos comporta que haya menos siniestralidad en carretera, lo que en definitiva se traduce en menos muertos, como se ha demostrado tras la imposición del 110, está claro que la restricción de velocidad es un valor. Deberíamos saber cuándo aceptar las nuevas normas, por inútiles o molestas que nos parezcan. Y ste es uno de esos casos. Por lo que se ve, cuando nos dejan correr, pisamos el acelerador más de la cuenta y nos accidentamos e incluso nos matamos. Tal vez en el futuro se encuentre otra fórmula, pero haber reducido casi un diez por ciento el número de muertos en carretera debería validar que el 110 continuara en nuestras señales... Bueno, pues justo ahora que se concreta que sirve para algo, el Gobierno va y lo quita. Como diría Astérix: «Están locos estos romanos».