El cabo del miedo: Shakira «waka ñaka»

El cabo del miedo: Shakira, «waka ñaka»
El cabo del miedo: Shakira, «waka ñaka»

Ciega y sordomuda


Piqué tiene querencia por llevar gorritos que llamen la atención y patinar en las celebraciones, y gusta del famoseo, como saben muchos de sus compañeros.


Las mujeres, especialistas en liarnos la manta a la cabeza, somos de las que un día lo dejamos todo pensando que pasa un tren que no se nos puede escapar. Los hombres son distintos, un poco más cobardes, tremendamente conservadores y prefieren jugar a dos bandas. Shakira dejó al atún de novio ese que tenía (cuyo oficio y beneficio dependía de la cantante) y se encerró en el ático de Piqué para aprovechar que el AVE había parado en su estación. La Prensa deportiva actual, muy dada a incluir secciones con tanga para aumentar las ventas, dice ahora que Piqué está descentrado por culpa de la colombiana y se empeña en estadísticas chorras para darle mayor relevancia a su teoría. Los que me conocen saben que no soy de las que defienden a las mujeres por el simple hecho de compartir género y que si encima son rubias y están prietas me sientan al hígado, pero con Shakira voy a hacer una excepción porque es morena y porque algunos de sus paisanos que la conocen bien dicen que es una buena chica. Así que el problema no es lo que ella pueda causarle a Piqué, sino al contrario.
Piqué tiene querencia por llevar gorritos que llamen la atención y patinar en las celebraciones, y gusta del famoseo como saben a estas alturas muchos de sus compañeros. Gerard, pendiente siempre de su ombligo, ya ha protagonizado algunas escenas de humor de colegio mayor que dan cosica y que demuestran que los veinticuatro años se le notan a la legua. Como dijo Del Bosque, afortunadamente, tiene a su alrededor a tipos cabales que le ayudarán a enmendar algunas de sus actitudes, incluida la del césped. Que vuelva Puyol y se acabó lo que se daba. En el césped, claro.


María José Navarro


Superman era soltero


Fue oficializarse la relación de Piqué con Shakira y empezar el declive culé, con sonados ridículos del otrora inabordable defensa ante Barral y Nasri.


Gerard Piqué sabrá lo que le conviene, porque además es mayorcito como para que nadie le diga con quién juntarse, pero hay personas a las que conviene no arrimarse demasiado en vista de sus antecedentes. Fernando de la Rúa era el presidente de la nación más próspera al sur del Pecos cuando, en 2000, su hijo Antonio se enamoró de Shakira. Poco más de un año después de formalizar la relación, la economía argentina se hundió en un abismo del que todavía no ha logrado emerger. El hasta entonces respetado político hubo de dimitir. Como una moderna María Antonieta, la cantante y sus colegas se mostraban en los locales más lujosos de Buenos Aires (los llamaban la banda del sushi por su afición a la comida japonesa), mientras los administrados por su ex suegro ardían en el infierno del corralito.
Hace dos años, Rafa Nadal grabó un videoclip con Shakira en el que ambos aparecían en actitud procaz. El tenista español acababa de ganar el Abierto de Australia, pero bastaron las insinuaciones sobre un posible romance para que se le acumularan unos problemas físicos que le pudrieron la temporada: perdió en Roland Garros con Soderling y no pudo defender su título en Wimbledon. Le volvieron a ir bien las cosas cuando empezó a dejarse ver por los torneos con Xisca, una discreta belleza mallorquina. El Barcelona era la más fabulosa máquina de hacer fútbol del planeta hasta hace dos semanas. Fue oficializarse la relación de Piqué con Shakira y empezar el declive culé, con sonados ridículos del otrora inabordable defensa ante Barral y Nasri. Los gafes existen, así que Guardiola debe ir tomando medidas: que repesque a Ibrahimovic.


Lucas Haurie