Menos euforia

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Percibo con sorpresa el ambiente de placidez en que se mueven algunos dirigentes del PP, como pensando que las elecciones están ganadas y que lo que vendrá después es poco menos que coser y cantar. Desde el 28-M no paramos de ver fotografías de líderes peperos desbordantes de felicidad, cuando resulta que la situación no es para tanto. Estuvo bien que se celebrara adecuadamente la victoria aquel día, pero a partir de ahí hay que dejar de retratarse y sentarse más en el despacho a trabajar. La verdad es que así lo hace la mayoría, particularmente Rajoy y Soraya, y dirigentes regionales como Feijóo y Bouzá, y por supuesto Aguirre y Cospedal. Aunque echar horas tampoco garantiza el acierto. Veo estos días a jefes de gabinete que actúan como si fueran auténticos ministros, y consejeros haciendo el chorra al decir lo que no deben. Una de las pocas cosas buenas que hizo José Montilla fue transmitirle a sus «consellers» que «no es necesario hablar todos los días, ni tan siquiera todas las semanas». Algunos le hicieron caso y otros no, pero el principal líder del Partido Popular habría de extender una consigna parecida entre su tropa periférica, pues algunos hablan sólo por salir en la tele y al final acaban asustando a la gente. Dado que no hay tiempo en dos meses para que se vea el resultado de la gestión y los recortes en curso, el esfuerzo de todos debería centrarse fundamentalmente en ganar las elecciones. Porque si no se ganan, de nada sirve lo anterior.
Y las elecciones no están todavía ganadas. Las encuestas de LA RAZÓN, y todas las demás, dan una holgada diferencia de dos dígitos al PP con relación al PSOE, que se hundiría hasta en su feudo andaluz. Pero Alfredo Pérez Rubalcaba no es ningún tonto y no se va a sentar en una hamaca, como Zapatero, para ver cómo pasan las nubes. A Rubalcaba le llamaban el malvado porque en realidad lo es. Y decían que tenía un «Comando» porque en verdad lo tiene. Y con su maldad y su Comando va a llenar las calles protestando contra los recortes de las autonomías del PP, trasladando al personal el mensaje de que el Partido Popular no paga, suprime prestaciones, cierra empresas, aumenta el paro, liquidará la Sanidad y privatizará la educación. Mentira evidente, pero ya sabemos que cuando se calumnia «siempre algo queda». Y a eso se están dedicando con ahínco los liberados, los indignados y el clan de la ceja en general. Saben que no hay otra. O crispan la calle y polarizan la situación para aglutinar en torno a Rubalcaba el voto de la izquierda, o se estancan por debajo de los cien escaños, algo inaudito.
De manera que sí, está bien esta felicidad que lleva a la familia pepera a retratarse cada día como si ya hubiesen ganado las elecciones, pero no estaría de más que empezaran a templar la euforia. Aunque se gane por mayoría absoluta, levantar el país no va a ser tarea fácil. Y que se hiciera una vez no garantiza que se pueda hacer siempre.