Literatura

Una pareja de Planeta

Lorenzo Silva recupera a sus dos detectives en un caso de corrupción y crímenes. El novelista presentó «La marca del meridiano», Premio Planeta junto a la finalista de este galardón, Mara Torres, y su obra «La vida imaginaria»

Una pareja de Planeta
Una pareja de Planeta

Uno crea el personaje, pero nunca sabe cuándo se va a desprender de él, hasta cuándo va a acompañarle. Lorenzo Silva lleva conviviendo con Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, un brigada y una sargento de la Guardia Civil, desde hace ya diecisiete años, que no son pocos. Les ha visto crecer, envejecer a su lado, porque hasta en los abstractos territorios de la imaginación están supeditados al transcurso del tiempo. Cada vez que el escritor inicia la batalla de una novela policiaca con ellos de protagonistas, lo reconoce, ya sabe muy bien con quién está jugando, a quiénes tiene enfrente. «No les he parado el reloj a ninguno de los dos. Fue una buena elección cuando la tomé en su momento. Han ido evolucionando, han adquirido personalidad y, al comenzar un libro, me proporcionan un suelo firme que pisar, sé que tengo un buen equipo junto a mí».

Más allá de los arquetipos
Silva ha ganado el Premio Planeta con «La marca del meridiano», una nueva entrega de esta pareja de investigadores que ha roto la horma del arquetipo para erigirse en unos caracteres originales, cercanos al lector, próximo a sus inquietudes, con unas singularidades que les han moldeado y dado consistencia. «Si llega la hora de su jubilación, los jubilaré –bromeó el narrador durante la presentación de su nuevo trabajo en Madrid–, aunque todavía les quedan bastantes años. Y si retrasan más la edad de retirarse, van a dejar de trabajar ya octogenarios», puntualiza después. Las razones que condujo a Silva a inventar estas personalidades literarias es la distancia que le separaba de los detectives tradicionales norteamericanos. «No los siento cercanos. Los admiro, pero no me identifico con sus inquietudes, afanes. Quería normalizar estos personajes». Ahora regresa con un nuevo caso. Una aventura que se infiltra por los pasillos laberínticos de la corrupción en una época azotada por la crisis. Algo que no es coincidencia, porque toda obra de género negro también puede ser imagen o retrato de la sociedad en la que se desarrolla. «El relato policial te da la posibilidad de acercarte a la realidad inmediata y, lo más difícil, transformarla en literatura. El detective siempre ha tenido una carga simbólica, además, es una metáfora del conocimiento».

En esta entrega, Bevilacqua y Chamorro deberán deshilvanar los misterios de un crimen en el que tendrán un papel importante la amistad, los recuerdos que nunca conviene mentar y esos secretos que jamás deben salir de uno. De fondo, el abuso y las corruptelas que van erosionando las instituciones. «Nuestro sistema es frágil porque las personas a las que se encargó gestionar y representar los intereses generales se dedicaron a defender intereses privados, oscuros y, a veces, hasta criminales. Eso redunda en una desactivación de la sociedad. La Guardia Civil, por ejemplo, tiene mecanismos para perseguir a quien se sale del código. Pero hay otros colectivos que son demasiado indulgentes con estas personas».

Robando la cartera

Silva evalúa las consecuencias de esta larga permisividad en España. «Si no lo evitas, esta gente te termina robando la cartera. Desanima a la gente que está dispuesta a hacer cosas, a apostar por el bien de todos. Nos pueden dejar en una situación menesterosa y hacen más daño del que se piensa en principio. Aquí se les había mirado con gracia, pero lo que en realidad hacen es quedarse con todo, con lo que es suyo y lo que no lo es. Ese comportamiento debería tener una respuesta contundente por el daño que causan». Luego, Silva señala: «Denuncian la impunidad contra el narcotráfico, las mafias o la prostitución. Es un recorrido duro y apasionante por un mundo desconocido para las personas de a pie».

La doble dimensión de la vida
A Mara Torres le ha venido el éxito de golpe y con la primera novela. «La vida imaginaria» ha quedado finalista del Premio Planeta. Y lo hace con una historia que cuenta con unas raíces temporales profundas, que retroceden hasta 2007 y 2008, cuando entrevió el personaje. En aquel momento la historia acabó escondida en un cajón. Hasta que la retomó hace dos años sin predecir el horizonte que le aguardaba. «Siempre he tenido una sensación de la vida real y la imaginaria. La real es lo que pasa y la imaginaria, lo que deseas que suceda. Este libro representa justamente esa doble dimensión que posee la vida». A partir de una historia de amor abruptamente interrumpida, Mara Torres se adentra en la intrahistoria de esos sentimientos encontrados, enfrentados entre sí, que pugnan por abrirse camino entre la tristeza del pasado y la esperanza que supone siempre el futuro.