Duelo de titanes en La Maestranza

n Sevilla. 12ª de la Feria de Abril. Se lidiaron toros de Torrealta, el 5, manso en varas y sensacional en la muleta. El resto, desiguales de juego. Lleno.- El Juli, de tabaco y oro, estocada caída (saludos); estocada (dos orejas). - José María Manzanares, de nazareno y oro, estocada (oreja); estocada (oreja). - Daniel Luque, de rosa y oro, estocada contraria, descabello (silencio); estocada trasera, dos descabellos (silencio).- Parte médico de Luis Blázquez, herida en la mandíbula izquierda de 8 cms. Pronóstico menos grave.

El Juli, en un muletazo de la emocionante faena que hizo ayer en Sevilla
El Juli, en un muletazo de la emocionante faena que hizo ayer en Sevilla

SEVILLA- El duelo resultó de titanes, dos fieras dispuestas a disputarse el corazón de Sevilla. Y Sevilla se colmó de torería, de magia, de emoción desatada, de pasión y de bien torear. Si El Juli abrió el otro día la Puerta del Príncipe ayer elevó su toreo a lo más sublime. Fue todo un recital.La realidad superó la ensoñación. Es dueño y señor ya de la Feria de Abril y ayer se salió. Le funcionó la cabeza para ver al toro, a pesar de que había salido suelto del tercio de varas. A los medios se fue derecho Julián para brindar al público la faena del cuarto. Mejor dicho, el faenón. Qué manera de torear. El silencio fue presagio de lo que estaba por venir, pero nos quedamos cortos en ilusiones. El Juli tiró primero de repertorio propio, el que hace crujir el toreo desde abajo al torear con media muleta barriendo el albero, esas medidas inverosímiles con las que el madrileño maneja el toro a su antojo. Quiso el animal embestir con una emoción desbordada. Toda esa mansedumbre de su salida la convirtió el toro en un torrente, en puro brío, en transmisión en un viaje que parecía perderse para encontrarse de nuevo en la interminable muleta de El Juli. El poderío, el saber, dio paso a la calidad, a la enjundia del toreo roto, entregado, de piel con piel. No se podía pasar más cerca al toro, ni ligar más los muletazos. Toro, torero y público éramos uno. Partícipes de una locura colectiva ante la faena de la feria, de muchas ferias y de muchas corridas de toros. Julián inmenso, antológico e inspirado, en remates inesperados, en esa manera de gozarlo que se sentía desde el Guadalquivir. Fogonazos para quemar el alma y evocar a las musas del toreo. Por derechazos recreó lo auténtico, al natural se encajó, clavado en la arena, cerquita del toro, la barriga para torear, la cercanía en el umbral de grandeza... Y los adornos para perdernos ya en el delirio.

Apuesta de ManzanaresManzanares no quiso dejarse ganar la pelea. Ya estaba claro que ninguno de los dos había venido a pasearse. En la cumbre del toreo, con el bolsillo lleno y henchidos de ambición. Salió también manseando el quinto. Un metro desplazaba a caballo y picador en cada envite y un calvario hizo pasar a la cuadrilla al esperar una barbaridad. Lo tenía Manzanares para quitárselo del medio o para decir aquí estoy yo. Tal y como está la feria, apostó. Tenía el toro dificultades por todos los lados, acudía de reojo midiendo al torero, teniendo claro qué lugar ocupaba cada uno. Manzanares tragó, aguantó, le plantó la muleta en la cara, le echó raza ante las descaradas miradas de la res y acabó por meterle en el canasto. Más cuajado por el pitón derecho dio otra dimensión, de torero importante. Con oreja se premió. Peor suerte corrió su peón Luis Blázquez al intentar apuntillar. Un derrote seco le dejó el rostro señalado para siempre. Transcurría la faena al manejable segundo sin cautivar. Con un chispazo, como un resorte, le dejó la muleta en la cara, encadenó los muletazos limpios, suaves y entonces alzó el vuelo. La faena fue a más, por lo menos en ligazón, aunque lo soberbio vino, como ya sello de la casa, en los remates, hasta los molinetes, vulgares en otras manos rezuman en las suyas torería. En esa línea ascendente, al hilo del toreo ligado, poco reunido y menos encajado, cogió la espada y condecoró. El Juli, con el primero, dio continuidad al romance sevillano con las verónicas a pies juntos de recibo y una media de cartel para dejar al toro en el caballo. En el sitio. A los medios se salió con él. Llegó el animal manejable, aunque tampoco se podía despistar pues cogía el toro pronto el camino recto. Anduvo Juli poderoso y entregado, pero no tan rotundo y medido. La explosión verdadera se hizo esperar Luque no se aclaró con el tercero, sin maldad y sin largura en el viaje y tampoco con el sexto que, de poca casta, se desplazaba con facilidad. No estuvo a la altura del toro, ni de la tarde. Y menos cuando se anuncia con dos gallos de pelea.

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