La eólica china una mina de 150000 millones de euros

PULSE EL BOTÓN «DOCUMENTO» PARA DESPLEGAR EL GRÁFICO
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SHANGHÁI- El Gobierno chino ha marcado sus prioridades y, como una apisonadora, avanza y va cumpliendo sus objetivos para tener un 15% de fuentes renovables en su mix de generación eléctrica en los próximos años, teniendo en cuenta que el carbón representaba hace tres años el 63% del mix de energía primaria, el petróleo casi un 20% y el 13% la biomasa no comercial.

Y es un mercado que se agiganta a marchas forzadas, pues si en 2008 la población china que no tenía acceso a la electricidad era de 195 millones de personas, la Agencia Internacional de la Energía estima que en 2030 «sólo» serán 72,5 millones de chinos.

Y es que año tras año se superan las expectativas. En enero de 2006, con su nueva Ley de energía renovable, se fijó como objetivo alcanzar los 20.000 megavatios de energía eólica en 2020. Sin embargo, en septiembre de 2007 lanzó un plan nacional para el desarrollo de la energía renovable que amplió el horizonte hasta los 30.000 MW, y un año después lo fijó en la cifra provisional de 150.000 megavatios en 2020. Para ello, el Gobierno de Pekín anunció un paquete de medidas de estímulo de cuatro trillones de remimbis (1 euro=8,3 remimbis) para la industria medioambiental, energías renovables, infraestructuras y red eléctrica, así como líneas de crédito para «proyectos prioritarios».

De este modo, las principales compañías eléctricas del país, gigantes como Longyuan, Guandong Nuclear o Datang, entre otras, se han lanzado a la instalación de parques eólicos. Según las cifras que maneja el mercado, la instalación de un megavatio de eólica en China ronda el millón de euros, por lo que el gigante asiático se ha convertido para las empresas del sector en una mina de 150.000 millones de euros para explotar en los próximos diez años. A pesar de las dificultades para penetrar en ese mercado, compañías extranjeras como la danesa Vestas o la española Gamesa han conseguido implantarse en territorio chino y ganarse la confianza de las eléctricas locales para el desarrollo de parques eólicos. En la actualidad hay 70 fabricantes de turbinas en el país, aunque sólo una veintena tienen volúmenes significativos.


Copia de la tecnología
Asumiendo la realidad de que los emprendedores chinos son expertos en copiar la tecnología con rapidez, lo cierto es que en este sector aún están lejos de lograr la eficiencia en la fabricación de turbinas que disfrutan compañías extranjeras como las citadas. Resistencia en condiciones extremas, fiabilidad, mantenimiento o los ratios de captura efectiva del viento son elementos que el «know how» occidental aún supera a los fabricantes locales.

En este sentido, Jesús Zaldúa, primer ejecutivo de Gamesa en China, sostiene que será muy difícil que los fabricantes chinos alcancen a su compañía en este segmento: «Nosotros también corremos», apuntó, al tiempo que matizó que «toda la tecnología y la ciencia que hay detrás de un aerogenerador no se puede copiar sólo desmontándolo».

Y la prueba, de momento, es que Gamesa ha anunciado esta semana la construcción de su sexto centro productivo en China tras sellar una alianza estratégica con las compañías Guandong Nuclear y Datang, a las que suministrará equipos para crear más de 1.300 MW hasta 2013.


Nuevos contratos
Con estos contratos, los más importantes que ha conseguido Gamesa al margen de Iberdrola, la compañía española elevará su capacidad de producción en China hasta los 1.500 MW, casi tanta como la que tiene en España.

Por ello, el presidente de Gamesa, Jorge Calvet, anunció esta semana en unas jornadas sobre el mercado eólico en China, celebradas conjuntamente con Morgan Stanley en el pabellón de España en la Expo de Shanghái, que triplicará su inversión en el país hasta los 130 millones de euros «para responder a la creciente demanda del sector eólico en China».

A este respecto, Jorge Calvet afirmó que «entre los objetivos de la compañía se encuentra el consolidarse como uno de los cinco jugadores del sector en China».

Este año concluye el último plan quinquenal chino, y 2011 marcará el próximo horizonte. Y aún hay muchas cartas en la baraja.