Kortajarena y Velencoso juntos en un anuncio por Jesús Mariñas

Mientras algunos vaticinan una desbandada general en las primeras filas de la Cibeles Madrid Fashion Week, al empezar el jueves 30 de agosto –algo que Fermín Lucas no escucha al derrochar optimismo–, Barcelona realiza un balance positivo de la Pasarela 080, que ya está más que consolidada. El buen tiempo permitió organizar más de un desfile en el espléndido Palacio de Pedralbes, residencia real en la que nunca ha dormido monarca alguno, lo que no deja de ser curioso. Es lo que comentaba Jaime de Marichalar a Zenaida Bofill, una espléndida anfitriona de los invitados de Mango, que presentó su colección otoño-invierno, en la que destaca el clasicismo combinado con abrigos con botonadura dorada, otros muy acolchados y esmóquines aterciopelados en el azul noche emblemático del duque de Windsor. Resultaron impecables sobre la percha de Jon Kortajarena, que prepara un bombazo publicitario para septiembre a dúo con Andrés Velencoso, el otro grande de nuestras pasarelas, un tanto opacado en la nueva publicidad de Loewe, donde sobresale la distinción, a veces hippy, de Ángela Molina. A Clara Lago no le sacan demasiado partido y ella lo comentó entre los camerinos en su debut como modelo para Toni Francesc, que ya está colocado en las pasarelas internacionales, como Nueva York o México, y que irrumpe con fuerza. Los certámenes ya parecen setas por cómo crecen y se prodigan. Los jardines resultaron un marco único, bajo unas acogedoras carpas, donde abundó el pan con tomate para degustar con jamón ibérico, que llegaba en incansables fuentes, regado de champán Pommery. Isak Andic sabe hacer los honores y el tentempié previo al desfile fue muy agradecido, porque asentó más de un estómago. El joyero Rabat lució una azulada corbata y también un gesto de alivio superador de penas familiares. Formó un grupo con José Creuheras y Enrique Loewe, enrojecido por los primeros calores. Siempre hacen piña con el presidente de Mango que, con Frans Bonet, era felicitado por la iniciativa empresarial de mantener sus precios pese a la subida del IVA. Helen Lindes sorprendió con su nada estival traje, que no dejó de remirar la siempre atenta Dolly Fontana, que sigue imponiendo buenas formas en el Hotel Mandarín de María Reig. Dolly sobresalía en lino rosa de Cortana cerca de Helena Rakosnik en azules, de Mas y de Jaime de Marichalar.

Entusiasmaron los chalecos de fieltro combinados con pailletes, las faldas y los femeninos pantalones más que pitillo, que contrastaban con las parcas ribeteadas de piel, las cazadoras doradas y los ponchos de punto, que no agobiaban a pesar de su aire invernal, porque disfrutamos de una brisa y no padecimos la típica «xafagot» del verano barcelonés.