La «máquina» de matar por J M Zuloaga

El «comando Madrid», al que pertenecía Antonio Troitiño Arranz, un palentino de Tariego de Cerrato, metido a separatista vasco y, después a terrorista, era una de las armas más temibles de ETA hasta que fue desarticulado por la Policía, en enero de 1987.

La Razón
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Los cabecillas de la banda pretendían convulsionar la vida de la capital de España con acciones criminales tan sanguinarias como las matanzas de guardias civiles de la República Dominicana o la calle Juan Bravo, con el resultado de 17 agentes asesinados. Buscaban, como siempre (como ahora), la desestabilización y que la opinión pública, harta de sus crimenes, pidiera al Gobierno que negociara con los pistoleros para acabar con el «problema».

Troitiño era, junto al prófugo José Ignacio de Juana Chaos, el que llevaba la voz cantante dentro de la célula. Ambos, fanatizados por su odio a España, dedicaban todo el tiempo a preparar los atentados y a perpetrarlos. Los primeros meses de estancia en Madrid los dedicaban a conocer la ciudad. Una vez seleccionado el objetivo, estudiaban hasta el último detalle, como la frecuencia con la que cambiaban los semáforos en los trayectos para huir y rutas alternativas. Ensayaban la acción criminal. Era como si cada atentado lo cometieran varias veces, ya que veían a sus futuras víctimas.

Antonio Troitiño y su hermano Domingo, que perteneció al «comando Barcelona» (fue uno de los autores de la matanza de Hipercor) tienen el siniestro récord de personas asesinadas por dos miembros de una misma familia. Su apellido es sinónimo de muerte y destrucción. Al dejar la cárcel antes de lo previsto se desconoce cuáles serán sus planes. Lo que está claro es que no se ha arrepentido de sus crímenes ni pagado un euro a los familiares de las víctimas que causó.