OPINIÓN: Cayendo como un ladrillo

La Razón
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El ladrillo no acaba de sostenerse. Siguiendo una ya larga serie de malas noticias en el sector, los últimos datos reflejan un empeoramiento en la constitución de hipotecas. La firma de hipotecas se redujo en junio algo más del 40% en comparación con la misma fecha del año anterior.

Ciertamente la comparativa es algo injusta, ya que por esas fechas los compradores se apresuraban a cerrar los trámites para evitar la subida del IVA que se produciría el 1 de julio. Para poner en contexto la bajada quizá sería útil fijarse en la evolución del número de hipotecas constituidas durante, por ejemplo, el primer semestre de ambos años. La comparativa refleja que, en los seis primeros meses del año 2011, se firmaron un 25% menos de hipotecas que en el periodo equivalente de 2010. El número no es tan demoledor como la cifra aislada de junio, pero confirma la tendencia bajista de una serie que acumula más de un año de caídas y que no parece dar señales de recuperación.

¿Hasta dónde llegará la caída? No es posible predecir fechas, ni números siquiera, pero sí parece claro que las cosas no mejorarán mientras los consumidores no vean posible afrontar la que posiblemente sea la compra más cara de sus vidas con una cierta tranquilidad, especialmente después de la experiencia reciente. Con tasas de paro y temporalidad elevadas, especialmente entre los jóvenes, y el fantasma de una posible segunda contracción económica rondando, son pocos los que se animan a «meterse en comprarse una casa». Las recientes subidas en los tipos de interés tampoco favorecen una compra a pagar en (no tan cómodos) plazos. Queda por verse cómo afectará al sector la reducción temporal del IVA aplicable a la compra de vivienda nueva. La medida fue anunciada hace unos días y en principio se mantendrá hasta final de año, aunque su duración y sostenibilidad han sido objeto de discusión entre nuestros políticos. La rebaja es una respuesta a la mala evolución de un sector que, aún en caída libre, supone una parte importante de nuestra economía. Parece claro, en cualquier caso, que no será la panacea.