Futuro incierto

- Las Ventas. 19ª de la Feria de San Isidro. Se lidiaron novillos de la ganadería de Guadaira, justos de presentación y desiguales. Sin tener clase, se desplazaron en la muleta. Más de tres cuartos de entrada.- Arturo Saldívar, de verde botella y oro, pinchazo, media, ocho descabellos (silencio); estocada fulminante (palmas).- Luis Miguel Casares, de grana y oro, estocada buena (silencio); estocada (silencio). - Cristian Escribano, de verde y oro, pinchazo, aviso, estocada (silencio); dos pnchazos, estocada que hace guardia, tres descabellos, aviso (silencio). 

Cristian Escribano se pasó por la espalda al tercero en varias ocasiones
Cristian Escribano se pasó por la espalda al tercero en varias ocasiones

De siempre se depositaron las esperanzas en los que están por venir. Y para aficionados quedaron las novilladas, el interés por ver lo que nos aguarda. Vistas, pensadas y maduradas las tres novilladas celebradas en Madrid nuestro futuro se antoja incierto. Se me viene fresco a la mente la actuación del salmantino Juan del Álamo. Punto y aparte. Caballo ganador por el que apostar. La terna de ayer tenía su encanto, con la presencia del mexicano Saldívar y el madrileño Escribano, que cuentan algunas crónicas un talante especial. Ayer les pudo la grisura. Gris se nos fue la tarde. Se anunciaban con una ganadería que en Madrid dejó el listón bien alto en varias ocasiones, la divisa sevillana de Guadaira. Ayer parecía otra. Es verdad que sirvieron varios ejemplares, pero también lo es que cantaron movilidad sin clase, sin entrega y en otros casos una sosería como para desesperar. En la versión sin sal comenzamos con los dos primeros. Justos de fuerza, también de presencia, nobles pero sin transmitir ni un resquicio de emoción. ¿En la novillada tampoco? De su cosecha poco aportaron al asunto Arturo Saldívar con el que abría plaza y Luis Miguel Casares con el siguiente. Lo mejor del mexicano fue la estocada y del aragonés la firmeza ante ese astado que iba tan noble como insulso. El tercero conquistó al público de Las Ventas. Se desplazaba tres metros más de lo habitual en cada embestida, mientras se intuía que esa largura partía en el ánimo de huir. Tres pases cambiados por la espalda le dio Escribano y como un tren acudió el animal. Sin pensárselo, con todo. Quiso el torero hacerle las cosas bien, y en ese prólogo aguantó, pero no se encontró con la distancia del toro y la vital decisión de ganarle el paso en vez de perdérselo, condenó una faena que enojó a parte del público. Así fue y así se fue. El sexto le miró cara a cara la femoral en más de una ocasión y porfió. Le tragó y eso tenía su mérito. Se fue largo y a menos Arturo Saldívar con el cuarto. Tuvo la res un pitón izquierdo potable, pero le esperó en vez de atacar y en poca cosa quedó el trasteo. Al quinto nunca se le vio metido en la muleta y dejó Casares una faena en el camino de la voluntad. No más. Nada más. Gris tarde. Espesor. Futuro incierto.