Rubalcaba ofrece diálogo un día antes de votar «no» a las reformas

Madrid- Cuando la prima de riesgo cabalga desbocada y sobrepasa los 500 puntos, cuando Europa se tambalea, cuando la economía española está en riesgo, cuando suenan todas las alarmas… en el debate parlamentario debería haber espacio para la convergencia. Pues nada. Rajoy y Rubalcaba siguen su diálogo de sordos en el Parlamento. Hacía un mes que no celebraban su habitual cara a cara de los miércoles y, desde entonces, la situación ha empeorado. Así que el líder de la oposición se empeñó ayer en ofrecer diálogo para un pacto de Estado, y Rajoy no es que lo despreciara, pero vino a pedirle antes apoyo a todas sus reformas. En el Gobierno no se fían, menos cuando la exhibición de Rubalcaba se produjo un día antes de que el PSOE vote hoy en contra de los decretos del Gobierno en materia de Sanidad, Educación y RTVE.

El presidente no le mencionó estos asuntos, pero sí le reprochó que no apoyara la Ley de Estabilidad Presupuestaria, pese a ser fruto de un acuerdo entre los dos grandes partidos el pasado verano. Dicho de otro modo: desconfía de la pose socialista y además no tiene ni prisa ni necesidad parlamentaria para pactar con el PSOE.

Rubalcaba se quejó de la «displicencia» con que le trata Rajoy cuando le ofrece diálogo, que es la misma actitud que tuvo, según dijo, el ministro de Economía durante la cita que tuvo hace una semana con una delegación socialista para informarle del contenido de la reforma financiera.
Pero aún así dijo que «España lo necesita» y que el contexto hace imprescindible el diálogo entre Gobierno y oposición, así como con las comunidades autónomas y los agentes sociales para «pactar una política de recuperación y crecimiento», hablar de los servicios públicos y acordar la reforma financiera.

Rajoy, que dijo ser consciente de «la dureza de la situación» que atraviesa el país y que sus medidas persiguen «detener la caída» y «salir del pozo», se mostró reacio a hablar con el secretario general de los socialistas. De hecho le pidió como condición que apoye las decisiones del Gobierno. Vino a ser un trágala, al entender del PSOE.

Pero el presidente explicó que hay tres actuaciones obligadas: la reducción del déficit, las reformas estructurales y el saneamiento financiero. La primera porque se corre el riesgo de que a España no se le preste dinero o se le preste a «precios astronómicos» (en lo que va de año se han pagado 30.000 millones en intereses de la deuda). La segunda, para que las empresas españolas puedan competir y crear empleo. Y la tercera, para que haya crédito.

Antes, el presidente tuvo su particular rifirrafe con la portavoz de UPyD, Rosa Díez, que quiso llevar la «desesperación» y el «miedo» de los ciudadanos al hemiciclo, además de recriminar al PP su constante recurso a la herencia recibida, y se encontró con un desaire de Rajoy: «Ya, que usted es la buena y la estupenda y todos los demás somos malos». Fueron las únicas risas que se escucharon en una mañana en la que hubo poco margen para la chanza, y mucho para el pánico.