Inseguridad ciudadana

Malasaña no quiere más bares

El verano ya se acaba y la gente joven copa la ciudad por las noches. Los bares aprovechan la época estival para hacer su agosto en los meses más productivos para desarrollar su actividad. Sin embargo, la proliferación de los locales de copas está causando el malestar entre los vecinos, que incluso alargan sus vacaciones para no regresar al barrio.

El gran número de bares que hay en Malasaña está provocando el malestar entre los vecinos del barrio, que cada vez soportan más ruido
El gran número de bares que hay en Malasaña está provocando el malestar entre los vecinos del barrio, que cada vez soportan más ruidolarazon

La Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad, ACIBU, denunció públicamente el deterioro de sus calles, así como el exceso de este tipo de negocios, causa principal de la situación que están padeciendo. La asociación de vecinos ha contabilizado hasta 500 bares en un distrito de 35.000 habitantes, lo que significa 1 local por cada 70 habitantes. Con este censo descubrieron la gravedad de su situación. Por ello, los vecinos del castizo barrio de Malasaña piden una moratoria de licencias para evitar que se abran más locales en la zona. «Sólo en el último año se han abierto 3 nuevos locales en nuestra calle, el del nº 51, el del 49 y el que está frente al teatro Lara (librería-bar)», aseguró José Ramón, vecino de la zona. Todos coinciden en que «si siguen abriendo locales y terrazas, el barrio se convertirá en una gigantesca sala de fiestas incompatible con el descanso y la convivencia». Durante años, los vecinos llevan aguantando esta coyuntura con malos olores, suciedad del barrio y muchas noches sin conciliar el sueño. «Consideramos que el barrio tiene demasiados bares. Pedimos una moratoria para que no abran más», reiteró Isabel, presidenta de Acibu. Además, saben que el exceso de bares trae nuevamente el botellón en sus calles. «El botellón es algo que sufrimos año tras año y aún no se ha erradicado. El Ayuntamiento es consciente de nuestro problema y está previsto hacer un mapa del ruido», aseguró Isabel. La asociación también denuncia la instalación masiva de las terrazas que en ocasiones no respetan los horarios de cierre, por lo que la fiesta de los jóvenes se alarga hasta altas horas de la madrugada. Todos sufren los gritos, risas, conversaciones o la venta ambulante de alcohol que se desarrollan en la vía pública incluso horas después del cierre del bar. Los vecinos acusan, además, que algunos locales autodenominados «café-librería» se están transformando en bares de copas, que venden alcohol, ponen música y alargan sus horarios.

Todo esto con el agravante de que, al no estar concebidos como bares, no están insonorizados adecuadamente. «Estamos hartos de los "bares tapadera"que organizan fiestas y no nos dejan dormir», aseguró una vecina. Por todas estas cuestiones, el barrio se ha convertido en un infierno para sus inquilinos, que ven todos los días el deterioro que sufren sus calles. Sin embargo, añaden que no están en contra de los bares, ya que «sólo pedimos al Ayuntamiento que no concedan más licencias, que el barrio ya cuenta con demasiados bares de copas».