Una tragedia evitable

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Un año más, los incendios son noticia pero la pérdida de vidas humanas los hace, en esta ocasión, más dolorosos. Es un problema endémico en nuestro país y en el que, por regla general, las administraciones públicas no dedican suficientes recursos a la prevención. Los incendios se apagan en invierno. Los esfuerzos que se dedican a lo largo del año para mejorar las condiciones del bosque y en las labores de prevención son las que permiten, al llegar el verano, que haya pocos o muchos incendios. Es cierto que cuando acaba la temporada y en función de la cantidad y gravedad de los que se han producido, las autoridades anuncian inversiones y esfuerzos adicionales, pero llega la realidad presupuestaria y el cuidado de los bosques pasa a un muy segundo plano. Es un grave error.

 

La limpieza y el cuidado son los instrumentos fundamentales para triunfar en la lucha contra el fuego. Un buen número de incendios son provocados. Hay personas que sienten un placer enfermizo por el fuego y les gusta destruir los bosques. Cuanto mayor es la cantidad de terreno destruida más placer sienten. Otros incendiarios son, simplemente, gamberros que se divierten haciendo animaladas sin importarles las graves consecuencias. Finalmente, unos cuantos son consecuencias de imprudencias o errores humanos. Por tanto, a lo largo del año es fundamental llevar a cabo la labor de prevención y cuando llega la temporada disponer de recursos para hacer frente a los incendios con la suficiente velocidad para impedir su propagación. Una vez más es cuestión de aplicar medios económicos suficientes para hacerles frente con eficacia y rapidez. Finalmente, los pirómanos, se calcula que hay un millar y no importa la razón que motiva sus actos, así como los imprudentes tienen que sufrir las consecuencias de sus actos. Ni pueden ni deben quedar impunes. Es inquietante, además, la reincidencia en algunos de ellos o que en otros casos no se consiga capturar a los responsables. Es cierto que una eficacia total y absoluta es una utopía. Ningún país lo consigue y sería absurdo exigir a las administraciones públicas aquello que es imposible.

 

No sería serio. No obstante, lo que sí podemos demandarles es que no nos acordemos sólo de los incendios en verano. Todo parece indicar que el incendio de la madrugada del viernes en Galicia que se cobró la vida de los brigadistas Rodrigo Amo González y Julio Martínez da Silva fue intencionado. Ahora sólo cabe acompañar a sus familiares en su dolor y actuar contundentemente con los responsables. Hay que capturarlos y aplicarles el peso de la ley. La Justicia tiene que ser ejemplarizante, para que los delincuentes no olviden que no cabe la impunidad. Un pirómano busca hacer el mayor daño posible y no le importa matar. No debería existir ningún atenuante frente al indeseable que ha matado a los dos brigadistas. No se trata de un error humano o una imprudencia, sino de alguien que voluntariamente ha provocado un incendio que se ha cobrado dos vidas humanas. Por ello, sería positivo que el legislador abriera una seria reflexión sobre la necesidad de endurecer las penas en este tipo de delitos.