Estaba escrito

La Razón
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Son muchos los que mantienen que nada está escrito, que es el hombre el que escribe día a día su historia y su vida. En el caso de Mariano Rajoy se le pueden aplicar las dos posturas. Estaba sobradamente escrito, porque el triunfo aplastante del PP aparecía una y mil veces en todas las encuestas. Al tiempo, Rajoy ha ido escribiendo sin descanso su triunfo durante siete años. Cada español, cada analista, tiene su teoría sobre la tremenda victoria. Para mí, es simplemente la gran fuerza de la democracia. Cuando los ciudadanos deciden que una situación es insostenible, ya puede haber por medio Eres, par, pir, PER... que las urnas se lo llevan todo por delante, como ha sucedido en la presente ocasión. Decía que análisis hay muchos y de gente muy preparada, yo me quedo con lo más cercano, la foto del balcón de la calle Génova, donde a Elvira Fernández, la esposa del ganador, se la ve con una alegría muy contenida. Las mujeres siempre van más lejos, se le adivina la satisfacción pero al tiempo sabe que su vida es la que más va a cambiar. Está acostumbrada a que los problemas diarios nunca han faltado, pero lo que llega es el protagonismo que tendrá su marido en lo bueno y en lo malo. Ya no habrá horas. Tarde, noche y madrugada irán llegando asuntos, en los que la última palabra la tiene el presidente. Porque se podrá asesorar, escuchar, discutir con hombres y mujeres que formarán su equipo y que seguro que tendrán grandes capacidades, pero la final, la última decisión, es suya, y, una vez tomada, es la mejor, porque ya no hay vuelta atrás. Nunca sabremos el momento en el que las mujeres de los mandatarios aceptan sin haberlo deseado, en la mayoría de los casos, compartir un marido que es más de todos y de todas que de ella misma. Los pocos casos que se han dado hasta la fecha de esposos consortes suelen ser mas cómodos, porque el hombre generalmente ya tiene una vida propia y aparte, y además, en su egoísmo natural, suele pensar que los problemas se los ha buscado «la lista» con la que comparte dormitorio. Todo ello trufado con una alta carga de envidia por el puesto que ocupa su mujer.