Acierto de Obama al buscar el apoyo de Rusia para frenar a Irán

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La primera visita oficial de Barack Obama a Rusia ha tenido una trascendencia mayor a la esperada. Además de recomponer unas relaciones bilaterales que estaban deterioradas desde la era de George W. Bush, hasta el punto de que Moscú ha autorizado el tránsito aéreo de aviones estadounidenses militares con destino a Afganistán, Obama ha logrado un gran avance en una de las piedras angulares de su política exterior: mantener a raya a Irán en sus ambiciones nucleares. Así, ha asegurado que si desaparece la amenaza del programa nuclear y balístico de Teherán, no tendrá razón de ser el escudo antimisiles que Washington planea en Europa del Este. Con esta declaración de intenciones, Obama no ha ocultado su propósito, que parece ser compartido por el presidente Medvedev, de fortalecer la cooperación ruso-estadounidense en esta materia tan sensible. Si se concreta, implicar a los rusos en frenar las aspiraciones nucleares de Irán sería todo un logro, ya que no hay que olvidar que Rusia es un interlocutor privilegiado para el régimen de Mahmud Ahmadineyad. Europa no se puede quedar al margen de este proceso; es más, debe apoyarlo sin ambigüedades. Al mismo tiempo, deberá analizar en qué medida el acercamiento de Washington a Moscú altera sus tormentosas relaciones con Rusia.