Literatura

Borges quedaba la poesía

La editorial Destino recupera la voz poética del escritor argentino, tan poderosa, culta y misteriosa como su narrativa, y reúne todos sus versos en solo volumen 

Borges, quedaba la poesía
Borges, quedaba la poesía

En el ya legendario programa de Televisión Española «A fondo» –emitido el 8 de septiembre de 1976–, Jorge Luis Borges manifestaba, en conversación con Joaquín Soler Serrano, que «la tarea del arte consiste en transformar lo que nos ocurre en símbolos»; hallamos así la clave de una singular literatura del referente mítico, el sentido de un discurso basado en lo emblemático, la vida como una representación figurada y distante de la realidad. Basta recordar el conocido accidente doméstico literaturizado sin fin por el propio Borges quien, en la Nochebuena de 1938, se había golpeado la cabeza con el batiente de una ventana, provocándole la herida una infección que, convertida en septicemia, le llevará a una gravedad extrema. El cuento «El Sur» recrea narrativamente esta peripecia, muestra del particular «biografismo» de la escritura borgiana. Realidad y sentimientosEl símbolo, como referente ideográfico de la realidad, adquiere un valor autónomo, superador de argumentos, situaciones o emotividades sentimentales; aparece así el culturalismo deshumanizado, impresionante y sobrecogedor. Con la reciente publicación de su «Poesía completa» se nos actualiza la palabra de un Borges que utiliza sus versos como explicitación lírica de un particular mundo interior, más allá de estéticas prefiguradas o tendencias convencionales. Desfilan por este volumen, recordemos, desde «Fervor de Buenos Aires» (1923), a «Los conjurados» (1985) pasando por «Luna de enfrente» (1925), «Cuaderno San Martín» (1929), «El Hacedor» (1960), «El otro, el mismo» (1964), «Para las seis cuerdas» (1965), «Elogio de la sombra» (1969), «El oro de los tigres» (1972), «La rosa profunda» (1975), «La moneda de hierro» (1976), «Historia de la noche» (1977) y «La cifra» (1981), poemarios donde hallamos esas conocidas –y extrañas– estructuras arquitectónicas y urbanísticas, la presencia de la geometría cabalística, los inescrutables laberintos de la mitología ancestral, las bibliotecas de la Antigüedad clásica, los indescifrables arcanos tradicionales, junto a algebráicos enigmas, misteriosos códices o insólitos palimpsestos, sin olvidar la legendaria constitución de la familia, la meditación filosófica sobre la existencia o la ciudad de Buenos Aires, una vez más, como sabido mito fundacional. La Historia, en función de su resonancia mítica o legendario-literaria, adquiere en Borges un sentido particularmente indagatorio en sus ancestros y una proyección de densas reminiscencias familiares. Basta recordar poemas como «Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges» o «Fundación mítica de Buenos Aires» para comprender el valor del clan, de la saga que se proyecta generación tras generación con el orgullo de lo primigenio y germinal; la fuerza del «hacedor». Temas, personajes, obsesiones y sucesos circulan por estas páginas con una intensa categoría simbólica: la Pampa, los antepasados, la milonga, los gauchos –alejados del folklorismo convencional– y compadritos, el laberinto, la Biblioteca, los tigres, el forastero canalla emboscado al acecho en cualquier esquina porteña... la geografía metafísica de una lírica legendaria. En el libro-entrevista «Diálogos» (1992), cuyo autor es Osvaldo Ferrari y el protagonista Borges, claro está, éste señala con respecto a los procesos creativos: «Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder». Aparte de su conocida socarronería y un cierto providencialismo fingido, estamos ante una estética de tono revelado y ambición «sagrada». Disponer en un único volumen de toda la poesía de un autor permite establecer una trayectoria que, en el caso de Jorge Luis Borges discurre con la repetida cohesión de unas constantes inquietudes, bajo el esquema circular de un eterno retorno a los temas y formas de una lírica profundamente personalista y egótica.Edición impecableTodo ello teñido de un determinismo de sentido existencialista que nos recuerda lo versos de «Laberinto», que retornan en una impecable edición, más vigente que nunca: «No esperes que el rigor de tu camino / que tercamente se bifurca en otro, / tendrá fin. Es de hierro tu destino / como tu juez. No aguardes la embestida / del toro que es un hombre y cuya extraña / forma plural da horror a la maraña / de interminable piedra entretejida. / No existe. Nada esperes. Ni siquiera / en el negro crepúsculo la fiera» (pág. 309) .

Tráfico de falsos cuentosMaría Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, denunció hace unos meses el «tráfico ilegal» de sus manuscritos. Incluso habló de la existencia de falsificadores de su obra, una suposición que en sí parece un cuento del mismo Borges, o que trafican con supuestos manuscritos. Kodama –que contrajo matrimonio con el escritor argentino meses antes de su muerte en Ginebra en 1986– ha conseguido que la Interpol emprenda una investigación sobre estas falsificaciones. La «Poesía completa» ha sido reunida en un solo volumen y editada por Destino.