Brava Galiana

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Amilibia entrevistó esta semana en nuestro periódico a la popular actriz María Galiana, que dijo lo siguiente sobre la salida de la crisis: «Difícil. Creíamos que el ahorro y la austeridad eran lo procedente y ahora nos dicen que si no consumimos, se hunde todo. No lo entiendo». Muy bien, señora, tal es la cuestión: es difícil entender el frenesí consumista, puesto que estamos donde estamos porque hemos consumido demasiado, y para salir de un pozo no resulta conveniente cavar aún más.

La explicación quizá estribe en que quienes recomiendan el consumo como bálsamo de Fierabrás son los mismos que niegan la responsabilidad de las autoridades en el exceso consumista anterior, como si la reducción artificial de los tipos de interés, que abrió la brecha entre la inversión y el ahorro que ha desembocado en la crisis, hubiese sido orquestada por monjas clarisas y no por instituciones oficiales. Tiene razón doña María, había que haber ahorrado más antes y hay que ahorrar más ahora. Lo que sucede es que antes no ahorramos porque todos los incentivos de los gobiernos nos indujeron a consumir y a endeudarnos ilimitadamente. Y ahora ahorramos por la crisis, por el riesgo que comporta y el temor que suscita, mientras que las responsables últimas, las autoridades, dificultan otra vez el proceso porque han decidido que la austeridad que muy acertadamente evoca la señora Galiana es algo que no va con ellas.