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Clases de periodismo portátil

LIBRO/ALBERT MONTAGUT RECOGE EN «FE DE ERRORES» UNA «TRADICIÓN ORAL» DE LA PRENSA DE ESPAÑA

La de Albert Montagut es una vida consagrada al periodismo. Una trayectoria escrita desde Bruselas, Washington, Nueva York, Roma, Madrid y Barcelona, donde ha sido testigo de los cambios que ha vivido una profesión y del lugar que ocupa en el mundo. Como periodista novato en la Transición, reportero de sucesos en los tiempos más duros de ETA o corresponsal en Estados Unidos, Montagut ha cometido errores y atesorado pequeños buenos consejos. La mejor forma de contarlos era la crónica. «Quizás me haya salido demasiado autobiográfica», reconocía Montagut, que pensaba en los jóvenes y aspirantes a periodistas cuando escribía «Fe de errores» (Temas de Hoy). «Es una historia que parte del devenir de centenares de periodistas de este país, hechos que quedan documentados, para ilustrar lo verdaderamente importante, el periodismo», señalaba el director de «Adn». Porque de lo que se trata en el libro es de noticias, entrevistas, exclusivas, hechos irrepetibles plasmados en el papel que toman forma primero en las cabezas de esos «viejos redactores jefe que parecía que lo sabían todo. De esos que conocí cuando empezaba y que ya no quedan porque los están prejubilando». Un peligro inminente La primera realidad del periodismo en España, según Montagut, es que vive un «peligro inminente». «Estamos convirtiendo al profesional de los medios en informador y no en periodista, y eso es un error. Porque un informador es un taquígrafo, y un periodista es alguien que puede aportar algo más que un simple texto corto y un titular», protesta. «Es un plus fundamental que da la experiencia y que sólo pueden aportar los veteranos». Para Montagut, la crisis económica actual sobreviene «sin que se hayan resuelto crisis anteriores», en particular la politización de los periódicos durante la «guerra» de la década de los noventa, que ha desembocado en «la pérdida de la confianza de los lectores y la pérdida de la magia de la objetividad. Y eso es lo que nos volvió meros informadores». La solución a esta crisis es «defender el periodismo, creer en la excelencia y salir a buscarla todos los días, aunque, al final, los que lo hacen son los que se sienten más frustrados».