Demasiada locura para Rafa

El Liverpool de Benítez no supera al Chelsea en un partido descontrolado que ganaba 0-2 y acabó empatando a cuatro

Demasiada locura para Rafa
Demasiada locura para Rafa

Un niño rechoncho y con las orejas de soplillo, vestido con la camiseta del Liverpool, miraba con cara de pena al césped de Stamford Bridge cuando todavía quedaba media hora de partido. Por miles de niños como ése, y mayores, el Liverpool es capaz de remontadas como aquella de la final de la Copa de Europa contra el Milan. O como la que estuvo a punto de conseguir ayer. Pero le faltó Gerrard, y sin él Torres es algo menos, y le sobró la segunda parte. Además, el Chelsea tenía a Lampard y a Drogba, y por ahí se le escapó la eliminatoria a Benítez. Por ahí y por las manos de Reina, que alimentó con un error ridículo las opciones del Chelsea. El Liverpool tenía una eliminatoria que remontar y un homenaje que hacer. Jugaba con la fuerza de los 96 muertos en Hillsborough fallecidos hoy hace 20 años. Les regaló sus ganas y su fútbol, pero se quedó a medias.Llegó al descanso con la mitad del trabajo hecho, con dos goles de ventaja y sin dejar nada a la casualidad. No tenía a Gerrard y jugó a controlar la pelota en el centro del campo, con Lucas Leiva como socio de Xabi Alonso y Mascherano. Encontró el primer gol en una genialidad de Fabio Aurelio. Una falta esquinada, con un solo jugador en la barrera y Cech tapando el palo más lejano. Era una invitación a la zurda del brasileño, que lanzó directo. Quedaba esperanza. Ivanovic, el héroe del Chelsea en la ida, hizo un penalti a Alonso que Medina se vio obligado a pitar ante la torpeza de Skrtel, que tiró la pelota por encima del larguero solo delante de Cech.Pero en la segunda parte apareció Reina para compensar. El portero español metió en su portería un centro de Anelka que caminaba paralelo a la línea de gol. Tampoco se enteró mucho del lanzamiento de Alex en el segundo gol. Una falta lejana que abrió la barrera y las manos del portero si hubiera hecho falta.Y después llegó la locura, ese terreno que tan poco le gusta a su entrenador, pero en el que tan bien se maneja el Liverpool. Tanto como Drogba, impresionante delantero que aguanta, pasa, marca y juega más de lo que anuncia su contundente físico de boxeador. Cuatro goles más dejaron muertos a los «reds», volvían a darles vida y de nuevo les remataban en el último cuarto de hora. Quince minutos de gloria para Lampard, para el que el Liverpool no tenía respuesta con Gerrard en la grada.