Despedida con honores de Estado para la última víctima de ETA

La Razón
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Madrid- El padre, también Guardia Civil, y la madre de Fernando Trapero dieron de nuevo ayer ejemplo de emoción contenida en el funeral de Estado por su hijo, asesinado por ETA. Los Reyes y los Príncipes de Asturias presidieron el emotivo y solemne funeral en el que se derramaron muchas pero silenciosas lágrimas. Una mañana de frío y niebla, pero con mucho calor humano para los Trapero.

Con puntualidad castrense, a las doce del mediodía llegaron al patio de la Escuela de Guardias Jóvenes de Valdemoro los Reyes, acompañados de los Príncipes de Asturias. Trasladaron personalmente a los padres, hermana, novia y resto de familiares de Fernando Trapero sus condolencias. También estaban familiares de Raúl Centeno, el otro joven guardia civil asesinado en el atentado etarra del sábado pasado. La Reina y la Princesa de Asturias besaron muy emocionadas a la familia de Fernando y, en algunos momentos, no pudieron contener las lágrimas.

Además de la Familia Real, asistieron al funeral las principales autoridades del Estado: el presidente y la vicepresidenta del Gobierno, los presidentes del Congreso y el Senado, presidentes del Tribunal Supremo y Constitucional, los ministros del Interior, Defensa y Administraciones Públicas, además de la presidenta de la Comunidad y el alcalde de Madrid. El PP estuvo representado por su presidente, Mariano Rajoy, y también asistieron al funeral Eduardo Zaplana, Ignacio Astarloa y Arsenio Fernández de Mesa. Diego López Garrido, del PSOE, Gaspar Llamazares, IU, fueron en representación de sus grupos parlamentarios. Además del Embajador de Francia en España, también asistieron representantes de la Policía gala y de las policías autonómicas catalana y vasca. Cientos de guardias civiles vestidos de uniforme completaban el cupo de asistentes a las exequias religiosas.

El féretro con los restos mortales de Fernando llegó al lugar del funeral a hombros de sus compañeros, cubierto con la bandera de España y su tricornio. El ataúd fue situado frente al altar, donde el vicario general castrense, Ángel Cordero, ofició la misa «corpore in sepulto». Una gran fotografía de Fernando Trapero vestido de guardia civil se situó al pie del féretro.

Tras el himno de España, dio comienzo la misa. En la homilía, el vicario general destacó que el agente Trapero «ha bebido hasta el final el sorbo del deber», y dijo que «la Guardia Civil es el alma de España». El vicario también señaló que Fernando Trapero se había reunido de nuevo con su compañero asesinado por ETA, Raúl Centeno. De este modo, dijo, volvían a conformar la misma pareja que integraban en vida y que junto a los 208 guardias muertos por el terrorismo «constituyen la corona de gloria de los que dieron su vida por España». Durante la homilía, el vicario pidió a los terroristas que «salgan de su ceguera y abandonen el camino de la violencia». Además, expresó su anhelo de que la paz pueda «finalmente unir a todos».

Al finalizar la misa, el Rey colocó sobre el féretro la Cruz de Oro al Mérito de la Guardia Civil y la Medalla de Oro al Mérito Policial, las más altas condecoraciones a las Fuerzas de Seguridad, concedidas a Fernando Trapero a título póstumo.

Condecoraciones

Uno de los momentos más emotivos del funeral fue cuando el jefe de Información de la Guardia Civil, el general de Brigada Pablo Martín Alonso, entregó a los padres de Fernando las condecoraciones, la bandera y el tricornio que estaban sobre el féretro. El padre, Fernando Trapero, hizo gala de su condición de guardia civil y se cuadró ante el general. La madre, Estrella Blázquez, abrazó la bandera y el tricornio y no las soltó de sus brazos, entre lágrimas, hasta que abandonó el patio de Armas del cuartel. La novia del fallecido consolaba cariñosamente a Estrella Blázquez.

La banda de la Guardia Civil interpretó los himnos «Caídos por España» y «La muerte no es el final», que fueron también entonados por la mayoría de los agentes que asistían al acto, incluso por Esperanza Aguirre. Pero el final fue mucho más emotivo, cuando los compañeros de Fernando, la mayoría entre sollozos, sacaron el féretro del patio dedicándole la marcha no oficial para los jóvenes agentes de la Guardia Civil, «Adiós, Polilla».

Posteriormente, los restos mortales de Fernando Trapero partieron hacia la localidad abulense de El Tiemblo, de donde son naturales sus padres y gran parte de la familia. Los Trapero habían expresado su deseo que el entierro se desarrollara en la intimidad de familiares y amigos, por lo que ya no asistieron representantes institucionales.

La solemnidad y emotividad que presidieron el funeral dejaron poco espacio a encuentros políticos poco frecuentes, como es el de Rodríguez Zapatero con Mariano Rajoy. Al inicio del acto religioso se saludaron y se dieron la mano, pero no fue un saludo demasiado caluroso. La actitud de ambos estuvo contagiada del frío de la mañana en Valdemoro.

Cuando Zapatero se despidió de los Reyes, aprovechó, junto al ministro Rubalcaba, para agradecer a los representantes de la Policía francesa que asistieron al funeral la colaboración en la detención de los etarras que cometieron el atentado, hace hoy una semana, en la localidad francesa de Capbreton. Zapatero y Rubalcaba hablaron durante unos minutos con el director general de los servicios de información de la Policía francesa, Jöel Bouchité, el mayor general de la Gendarmería Nacional, teniente general Gilles, y la directora central de la Policía Judicial, Martine Monteil. También tuvieron un breve encuentro con los representantes franceses, el director general de la Policía y Guardia Civil, Joan Mesquida, y el Secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho.