Galliano más Dior que Dior

Al mal tiempo, la buena cara sabe a poco. Se exigen pedrerías, lentejuelas, bordados de artesano y volumen, mucho volumen. Con la que está cayendo en las bolsas de medio mundo y Galliano se pone el mundo por sombrero de copa y llena Dior de colores vivos. Vida frente a lo gris de una recesión que no tenía invitación vip ni acreditación de prensa.

Dior, "más Dior"que nunca, revela su alta costura para este verano
Dior, "más Dior"que nunca, revela su alta costura para este verano

 Solita se quedo en la puerta, y ni caso que la hicieron Mischa Barton, Dita Von Teese e Ivana Trump. Menudas son ellas para dejarse engañar por la amenaza de un «crack» bursátil. Para entrar en el Museo Rodin se pedía etiqueta hasta en la mirada. El arte ya lo puso Galliano, el que le inspiró la Escuela Flamenca del XVII, aquella que tanto gustaba al fundador de la casa y que el gibraltareño ha rubricado con enormes volúmenes, abundantes plisados, bordados versallescos y chaquetas entalladas. «Más Dior que Dior» era el lema de la tarde y lo que se divisaba en la pasarela.

El juego de los pliegues con sedas en blancos, rosas, rojos amarillos, azules y salmón, deja al descubierto unos forros floreados de gala. Todo es susceptible de ser arte, y como dejó caer el propio Galliano, «el saber hacer de los talleres de la Maison Dior está literalmente vuelto del revés». Abundancia de tejido propio de aquel «New Look» inventado por Christian Dior tras la Segunda Guerra Mundial y que buscaba ser el «Plan Marshall» de la Alta Costura ante otra crisis, más feroz si cabe, a la que también se dejó fuera de la pasarela.

Así pues, color y vida natural ante la amenaza de tiempos peores, incluso en los contados vestidos negros que dejó subir al pedestal parisino. Banda sonora de Bruni Todo era de Dior y para Dior, en versión remasterizada por Galliano: los hombros torneados, la cintura fina, las caderas sobresalientes, los volúmenes sin olvidar la silueta femenina, las amplias faldas en forma de corola y trébol... Mimo en los sombreros, cinturones y tacones tallados, que no son accesorios sino imprescindibles para asimilar este costumbrismo patrio. Elegancia de toda la vida de Dior y una colección para el todavía lejano verano de las de «prohibido pestañear», que no murmurar, sobre todo cuando entre la banda sonora «made in France» se dejaba caer algún que otro tema del maltrecho álbum de la primera dama, Carla Bruni.

La Alta Costura no tiembla ni se constipa por la posguerra ni por hipotecas basura. Así lo quiso Dior, y así lo cumple Galliano. Al pie de la letra y con unos diseños que alcanzan los 30.000 euros. Habrá que ver si hoy siguen esta máxima Chanel, Christian Lacroix y Givenchy. Lo suyo no fue un saludo cortés como el de los demás. El gibraltareño ha hecho de su aparición final en la pasarela su propio homenaje. Con un «aquí estoy yo porque el espectáculo me llama como a una showgirl y su mirada desafiante, desfiló de negro, con pantalón y chaleco de satén, camisa transparente y un tul amenanzante. Conjunto propio de chico de vedette del «Moulin Rouge» más que de un gibraltareño. Pero John Galliano, ya se sabe, es puro teatro. Él puede, y lo borda.