El aborto libre

La Razón
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Según la Comisión formada para desbrozar el camino hacia el aborto, en un plazo aún por determinar, podrá quebrarse la vida del embrión o del feto sin necesidad de justificación alguna. En este plazo la libertad de la madre se configura como un valor absoluto que puede decidir solo ante sí sobre la vida del ser que en su seno se está gestando.Sin los apoyos técnicos y sociales, ningún humano, ni recién nacido ni adolescente ni adulto ni anciano, es viable, es capaz por sí mismo de sobrevivir por sus propios medios fuera, en este caso, del organismo social. ¿Dónde queda el argumento de la viabilidad del feto? Sí sabemos con certeza qué sucede en el momento de la fecundación y cuál es la consecuencia: la formación de una estructura viva distinta de la madre con posibilidades propias, exclusivas y no compartidas: las de iniciar, dirigir y terminar un proceso de desarrollo embrionario que dará lugar a un ser al que reconoceremos plenos derechos civiles. Son precisamente estas posibilidades las que hacen del feto un bien jurídico protegible que, según el TC (Sentencia 53/1985), obliga al Estado a abstenerse de interrumpir u obstaculizar el proceso natural de gestación. Las preguntas no tienen respuestas sencillas; mejor dicho, no tienen respuestas. Nos encontramos ante el más puro y radical positivismo jurídico (por no llamarlo arbitrariedad). Es bien significativo, al respecto, que en el informe de conclusiones presentado por la Subcomisión a la Comisión de Igualdad del Congreso, después de oír a representantes de la sociedad civil, ambas se hayan inhibido de formular un plazo y se hayan limitado a constatar la existencia de legislaciones abortistas con plazos entre las 10 y las 24 semanas. Así, la seguridad vital del feto queda a merced de la voluntad del legislador, del más puro voluntarismo legislativo. ¿Puede calificarse de moderna una sociedad que sólo encuentra en la muerte del más desprotegido la solución a los embarazos no deseados?* Vicepresidente primero del Parlamento navarro