El Atlético llora sus errores

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A los cinco minutos la felicidad se instaló en el Calderón porque Agüero rozó con el flequillo un centro de Antonio López y el Atlético cobraba ventaja ante su hermano mayor. En el descanso, la afición lloraba por la impotencia de su equipo, por los dos goles encajados –espectacular la jugada de Javi Martínez en el empate– y porque el partido se convertía en un suplicio para los de Javier Aguirre. La segunda tarjeta de Raúl García, la absurda acción de Pablo sobre Aduriz, merecedora de penalti y expulsión, refrendaron que el Atlético está desquiciado, agobiado por la ansiedad y sin argumentos –nunca los ha tenido– para intentar ganar por la vía más adecuada: la de jugar bien al fútbol.

En medio de los nervios, de esa tensión, el Athletic se mostró cómodo. Aprovechó sus ocasiones, aunque se asustó cuando un remate de Luis García (min. 32) se estrelló en el larguero, en una acción que podía haber cambiado el rumbo del partido, y se fue del Calderón con tres puntos que le permiten sobrevivir, respirar hondo y olvidarse de la Segunda.

Y no engañó a nadie Caparrós en su planteamiento. Dos líneas de cuatro, en las que sobresalieron el trabajo de Javi Martínez y Orbaiz y el buen toque de Yeste, para controlar a Raúl García y Jurado, al que Aguirre dio galones de organizador. Y cuando el Atlético atacó y abusó de las paredes en la frontal, la presencia del gaditano resultó clave. Como las bandas están inutilizadas para los bilbaínos fue más asequible cerrar por el centro. En su papel, Aitor Ocio y Amorebieta no le perdieron la cara a Agüero y Forlán. El Atlético que mandaba en el juego comprobó cómo de una falta favorable llegó el empate. Nadie fue capaz de frenar a Javi Martínez, que se corrió sesenta metros como si de un velocista se tratara, para ponerle el balón a Susaeta, que batió a Abbiatti.

Se creció el Athletic y en una de esas innumerables faltas que hacen los de Aguirre en el centro del campo porque siempre están mal colocados y en inferioridad, Yeste y Llorente sacaron petróleo con ayuda del colegiado Medina, que no vio el fuera de juego.

Los lloros del descanso fueron lágrimas de impotencia al finalizar el encuentro, al comprobar que el equipo se desangra porque le falta capacidad de creación, equilibrio en el centro del campo y le sobra impotencia, malos modos y orden en defensa. Abbiatti cumple cuando sus compañeros le venden.

Aguirre quitó a Eller –no hace falta señalar, ya sabemos que no da la talla para un equipo que quiere ser grande– jugó con tres defensas y cambió a los laterales de banda. No dio resultado, como tampoco la entrada de Miguel de las Cuevas. El partido era del Athletic, que controlaba, salía con criterio y aprovechaba su superioridad para mostrar las vergüenzas del Atlético. Las que quieren tapar todos los partidos Agüero y Forlán. Unos días lo logran y otros sucumben, como ayer ante un rival que fue mejor. A los de casa sólo les queda llorar.