El Calderón cambia goles por tarjetas

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madrid- No hubo tregua en el otro derbi. El Atlético y el Getafe se lo tomaron con ganas, con ilusión, con concentración y con el convencimiento de que la mejor forma de ganar es ir al ataque sin contemplaciones, por la vía directa, como hicieron los de Aguirre, o por el juego algo más elaborado, que es lo que pusieron en práctica los discípulos de Michael Laudrup. Y es que el danés era un exquisito del fútbol, mientras el mexicano, como él mismo reconoce, era un picapedrero, que se dedicaba más a trabajar los tobillos del rival que a construir fútbol. Y en el partido, un poco de todo eso, las personalidades de los técnicos se reflejaron en el césped, aunque los jugadores se excedieron en sus atribuciones y al colegiado le faltó experiencia para controlar las situaciones más complicadas. Hubo cuatro expulsados, Contra jugó más de un cuarto de hora de portero, y el Atlético se llevó los tres puntos porque al Getafe le falló la puntería y, además, se encontró con un inspirado Abbiati.

A tres minutos del final el meta italiano abortó el empate a remate limpio de Kepa cuando el Getafe buscaba desesperadamente el gol que se le había negado en las acciones de Albín y Manu de Moral, y el Atlético tampoco intentaba comprobar las dotes de portero de Contra, improvisado guardameta desde la expulsión de Abbondanzieri (min. 76). Porque el Atlético de ayer fue inferior al Getafe; sólo una vez mostró su superioridad y en esa acción logró el gol. Un balón de Pernía, un cabezazo de Agüero, una perfecta internada de Simao, al más puro estilo de un extremo, y un remate demoledor de Forlán, que se anticipó a Cata Díaz y Mario para batir al meta argentino. El pistolero rojiblanco adelantaba a los suyos, a la postre su gol era un tesoro muy preciado, lo que espoleaba al Getafe y le daba argumentos futbolísticos para retomar el control del juego, para dominar, mandar y explicar a los espectadores del Calderón que sus males fueron pasajeros y que el equipo se encuentra en el camino correcto. El que le había servido para hacer trece de los quince últimos puntos. Ayer hizo méritos para no irse de vacío, pero el Atlético se encontró con la fortuna de cara, se defendió como pudo, trató de utilizar todos sus recursos, los legales y los otros, y se marchó con los tres puntos sin merecerlo, con una imagen de equipo pobre, peleón, poco imaginativo y al que no le importó plantear un partido en plan guerrillero. Hasta el descanso se puede hablar de juego equilibrado, con más ocasiones del Getafe, desperdiciadas por Albín y Manu, de los destellos de Granero y Pablo Hernández y del miedo de Clos Gómez para expulsar a Maniche (min. 34) por una fea entrada a un rival.

Desde el primer minuto había sido el Getafe más coherente en su juego. De la Red, Granero y Pablo Hernández sobresalían con un juego bien trenzado, Casquero se quedaba como medio centro y Manu y Albín se encargaban de demostrar que están reñidos con el gol. En defensa, no tenían muchos problemas para controlar al «Kun» y a Forlán. Simao se las tenía tiesas con Contra y Maxi andaba perdido por la derecha sin ayudar mucho al centro del campo. Maniche estaba más alocado que de costumbre y Raúl García ayudaba más en la destrucción que en la elaboración. Era un Atlético muy previsible, sin desborde, salvo en dos jugadas de Agüero, que no le importó entrar en el cuerpo a cuerpo, en devolver cada falta del rival y en darle al derbi una tensión añadida que contagió a todos. A los protagonistas y al propio Clos Gómez.

En la primera mitad el fútbol lo puso el Getafe, en la segunda se pasó a una crónica de sucesos, de las que no gustan. El Atlético, además, no hizo nada por corregirse y fue el Getafe el que intentó por todos los medios y con todos los recursos a su alcance mantener la calma en medio de la locura.

La expulsión de Agüero (min. 65) fue el detonante. El «Kun» vio la segunda tarjeta cuando más apretaba el Getafe. Licht vio la segunda amarilla (min. 72) y cuatro minutos después se fue Abbondanzieri por darle un manotazo al balón lejos del área. Contra se colocó de portero, el Atlético ni se inmutó porque fue el Getafe el que siguió presionando y con ganas de empatar; y cuando Reyes (min. 78) también se fue anticipadamente a la ducha el partido se tornó absurdo, nadie paraba aquella locura y era el Getafe más valiente, mejor físicamente, el que ponía a prueba a Abbiati. El italiano cumplió como los buenos y el Atlético se encontró con el triunfo sin hacer mucho por conseguirlo. Ganar así no le gusta ni al más osado de los corazones rojiblancos.