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El padre de Colate era cantante

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a muerte como revelación, es el momento de la verdad y de los descubrimientos. Desvela debilidades escondidas y vergüenzas familiares, como la de Colate Vallejo-Nágera, que fue casi un trauma infantil no sufrido por su esposa, Paulina Rubio, a pesar de los cinco matrimonios de su madre, Susana dos Amantes. Son misterios al descubierto, como siempre surgen cuando alguien se va. Es el caso de la repentina muerte de José Ignacio Vallejo-Nágera, padre del galán que estafó a Patricia Pérez. Falleció en Baqueira mientras esquiaba con María del Mar. Encontró una muerte dulce y sin sufrimiento. Algo que «alivia» el dolor presunto de sus hijos con los que no tenía relación después de que Sabine, su primera esposa, le abandonara por el decorador y anticuario Paco Muñoz. Es una excelente persona con museo propio en Pedraza, algo que deslumbró a Paulina una noche de fiestas, donde estuvo más achispada de lo habitual. La cantante fue el gran amor y cómplice de Ricardo Bofill, pero éste fue menos dócil que Colate, ya casi un perrito faldero. No se ha visto en otra así.

 

Disputas familiares

Sabine dejó a su esposo y creó un escándalo social en aquel tiempo en el que todavía se cogían esas cosas con papel de fumar, pero hoy estamos curados de espanto, incluso con el embarazo de Telma Ortiz Rocasolano, aunque nuevamente empañe, o ponga claroscuros, en el entorno principesco, como ya ocurrió con la muerte de Erika. Casos así se dan hasta en las mejores familias y Muñoz acogió a los hijos de Sabine, mientras Vallejo-Nágera adoptó a los de María del Mar. Les dio su apellido, como ha podido saberse en la reveladora entrevista difundida por «¿Dónde estás, corazón?». La realizó María José Lorenzo en un desahogo del afectado padre, que no fue invitado al enlace mexicano y ruidoso. Resultó, más que una boda sonada, casi asonada. Tanto que marcó a Eugenia Martínez de Irujo, que hoy regresa de Cancún, donde ha pasado unos días de vacaciones con su hija Cayetana y unos amigos.

«Fui la víctima», recordó durante un testimonio esclarecedor de que Colate y su hermana Samantha no admitieron compartir el apellido con sus hermanastros, incluso siendo conscientes de cómo mamá Sabine había destrozado a su progenitor, quien, en el momento del deceso, había grabado un disco con intención de dar recitales. Ya los ofrecía los martes en Mayte Commodore y actuó una noche de mayo en que la Campos birló pretendidadmente el motero a una entonces íntima Cuca García de Vinuesa, porque Vallejo-Nágera solía cantar al amor bueno. Hay que ver qué cosas.